- Así era Olga, caminaba y el aire fresco empezó a cambiar. Sentía en la piel, en la cara, como pinchazos helados. El aire se movía, me empujaba y me soltaba. Me iba envolviendo. Estos golpecitos escarchados eran ya un hecho. Ahora, de repente, el mundo era así. El aire frío parejo suave había cambiado por una situación constante de alteraciones y movimientos que se acumulaban en mi campera. Estaba cada vez mas fría y pesada, toda mi ropa. No sentía los dedos, algo brilloso los cubría. Podía tocarlo. Las puntas de mi pelo soltaban brillo también. Era parte del viento.
- ¿El aire cambió?
- ¿El aire cambió?
- Si si, completamente.
- ¿Los golpes eran agua fría? Estaba…
- ¿Agua?
- ¿Estaba lloviendo?
- Yo no se… como lo llames Olga, fue todo muy extraño.
- ¿Agua?
- ¿Estaba lloviendo?
- Yo no se… como lo llames Olga, fue todo muy extraño.
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