jueves, 9 de septiembre de 2010

Felpa

Estamos siendo observados con ojos de reptil. El raid científico en el cual nos encontramos ya no hace justicia a éste miedo invisible que nos sostiene en pie. Si nuestro plan se diluye en este instante, las probabilidades de continuar el vano movimiento son horribles. Más valdrá hacer cruz y cuenco al devenir que blasfema nuestras intenciones cándidas, nuestros impulsos más sísmicos (más cíclicos). Cierto es que la máxima dilución fue incomputable, tenemos demasiada fe en lo terrestre y eso nos lleva perdiendo, nada es sutil ahora que las dudas vuelven como manchas en el techo y se propagan, como humedad pestilente e invasiva.

Estamos siendo copados como barcas ardientes, pero hoy ha llegado a su fin el quiebre del abatimiento (en léxico que tomamos prestado de los marinos, denominamos con éste vocablo al ángulo formado entre la derrota y la línea de crujía, debido a la acción del padre viento). Las tropas subterráneas se anuncian en el vibrar de nuestras manos, en el chocar de nuestras muelas. Los líquidos en los que depositamos nuestros fantaseos más lúcidos están temblando de algo que se parece al miedo del visionario, ellos saben mejor que nosotros de dónde vienen. Creemos que también saben hacia donde van, y tratábamos de hacerlos confesar. Pero no hicimos a tiempo, el agitar de hélices inmensas engañan, se disfrazan de maremoto para el aire y se abalanzan. Con el aire ya ganamos, ya todo nos confesó, ya no tiene secreto apagado, no es ya transparente. El enviado vuelve, y no trae buenas nuevas.

Vístanse maleantes, pónganse en el cuerpo todo lo que lleva valor. Nos carguemos de lo que aún no entregamos y huyamos al cruzar frontera. No confundir marchar con marcharse, ni con mancharse. Altos engranajes nos cuidan de todo lo que es bravo y no dejan que la manta explosiva nos arrope en nuestro sueño sagaz. Estamos siendo mordidos por barreras milagrosas, vallas que se alzan a uno y otro lado de un camino que no sabe de carriles, de manos, de horizontes verticales. La cabalgata blasfema en la que nos malaventuramos ya no hace mella en éste furor imbécil que nos supo amedrentar. Pasos amenazantes se oyen, como si el mundo tuviera un sótano, y estuviera lleno de animales olvidados, que no figuran ya en enciclopedia alguna. Nos arrojamos libros para seguir escribiéndolos, el terror no va a detener nuestra inflamación mística. El enviado vuelve, nos ama y no quiere abandonarnos, pero ya no nos necesita.

Ponemos lentes frente a nuestros ojos, estamos siendo apedreados, leemos viejos escritos nacidos de manos de dioses que creemos no han existido. Los cálculos son acertados, nos batimos en un duelo magnifico donde triunfa la técnica plus ultra. La hueste disciplinada nos acecha, hay gusto a metales y nosotros tenemos bocas (nuestras bocas están aterradas, pero callan), afirmamos: hay tierra más allá.

Estamos siendo rastreados. Somos ilustres y sabemos de ciencias: ésto no tiene final. Vamos vestidos con la distancia de los mineros, y las caras sucias; llevamos una fauna sacroprofana, llevamos instrumentos, llevamos agua. El enviado calla, estamos solos.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Bar El Milagro

En el bar El Milagro el cantinero se despachaba en fiebre etílica con los clientes mientras las familiares figuras sombrías desfilaban puerta abajo y puerta arriba. A la hora que el piano empieza con sus quejas chillonas, ella vuelve a entrar.

Raída, descolorida, cubierto de ominosas lentejuelas su vestido azul, trae una nueva presa. Ésta vez, a diferencia de las otras, el muchachito parece entender lo que está sucediendo. Ésta vez La Victoria casi no puede tenerse en pie. Saluda a todos los hombres y les muestra su nuevo trofeo, tiene 22 años y no se acuerda de dónde lo sacó. En una risotada ebria (¡a ver el pajarito!) le manotea el pantalón, intenta desabrocharlo y el muchacho, ¡Mamá por favor, ya vámosnos mierda!

sábado, 21 de agosto de 2010

No hay banda

Terminan de tocar una canción.

PIANO

Horrible

BANDONEÓN

Si

PANDERETA

¿por qué seguís componiendo en inglés?

PIANO

No se, me sale así. Me parece que en otra vida fui Shakespeare.

BANDONEÓN

O Lou Reed.

PANDERETA

¿Quien?

PIANO

No se...

BANDONEÓN

No va a venir nadie a vernos.

PANDERETA

Yo invité a mi papá.

PIANO

Yo no invité a nadie.

BANDONEÓN

Yo como invitar, invitar.... no.

PANDERETA

Si viene solo mi papá tocamos igual.

PIANO

No.

BANDONEÓN

Yo por si acaso preparé una perfo.

PANDERETA

¿Como para que la entienda un señor de cincuenta y pico?

PIANO

Esta tecla no está sonando.

BANDONEÓN

¿Tu papá?

PANDERETA

Por ejemplo.

PIANO

A ver la perfo.

BANDONEÓN

¿Quieren que se las muestre?

PANDERETA

A ver...

PIANO

¿Cuánto dura? Tiene que ser cortito.

BANDONEÓN

Si, es cortito.

PANDERETA

También invité a Mauro.

PIANO

No... malísimo.

BANDONEÓN

(hace la perfo.)

PANDERETA

(por la perfo) Está bien...

PIANO

Timbre. No voy.

BANDONEÓN

Yo tampoco ¿les gustó?

PANDERETA

(por la perfo) Está bien.... ¿tengo que ir yo?

PIANO

Medio que si. (sale PANDERETA) Le falta como un conflicto... algún punto de giro ¿no? Algo....

BANDONEÓN

Es una perfo, no tienen conflicto las performance.

PANDERETA

(vuelve)

Está lleno de gente afuera. Hay una cola.

PIANO

Uff, que embole ¿cola? No sé si ese es el tipo de espectáculo que quiero dar...

BANDONEÓN

No estamos listos para ésto. Se nos fue de las manos... tenemos pocos temas y son todos en inglés. Nadie va a entender nada...

PANDERETA

Lo hubieran pensado antes.

PIANO

¿Está Mauro?

BANDONEÓN

¿Está tu papá?

PANDERETA

Si y no.

PIANO

(por Mauro) Ay...

BANDONEÓN

(por el papá) Ay...

PANDERETA

¿Les digo que pasen?

PIANO

¿Ellos dos solos o todos?

BANDONEÓN

Hay que cobrarles la entrada, no tenemos nadie que cobre la entrada...

PANDERETA

No decidimos tampoco cuánto cobrarla.

PIANO

¿Cincuenta?

BANDONEÓN

¿Quee?

PANDERETA

No está mal, después de todo ofrecemos un espectáculo de calidad en un idioma extranjero. ¿Podemos hacerle descuento a mi papá?

PIANO

Si le hacemos descuento a tu papá yo le dejo una entrada gratis a Mauro.

BANDONEÓN

No no, si empezamos así al final no le cobramos a nadie y yo quiero ser un artista serio.

PANDERETA

Pero hay como doscientas personas afuera, alguien va a tener que pagar.

PIANO

¡Esperen! Me olvide todas las canciones.

BANDONEÓN

¿No las tenemos anotadas?

PANDERETA

¡Yo las tengo!

PIANO

Pero éstas son las letras, lo que digo es que me olvidé como tocar el piano.

BANDONEÓN

Malísimo....

PANDERETA

Yo por suerte con la pandereta es más que nada hacer así... y por si acaso lo tengo acá anotado.

PIANO

¡Esperen! Creo que nunca supe tocar el piano.

BANDONEÓN

Es como esa peli de “no hay banda, nadie está en la banda”

PANDERETA

Necesito un espejo. (sale)

PIANO

¿alguien tiene un reloj? ¿o una tecla de luz?

BANDONEÓN

Ahí hay una.

PANDERETA

(entra mirándose en un espejo) Soy mi papá cuando era jóven.

PIANO

Pará boludo, es obvio ¿no?

BANDONEÓN

Si (pausa) ¿que hacemos?

PANDERETA

¿Qué? ¿¡que pasa?!

PIANO

Alguno de nosotros está soñando ésto, ésto no está pasando.

BANDONEÓN

¿y qué hacemos? Hay un montón de gente afuera, ahora no estoy seguro de saber tocar ésto tampoco...

PANDERETA

Momento, no entremos en pánico. Que el que esté soñando se despierte y nos saca de éste berenjenal en el que nos metimos.

PIANO

Dale (se pone una máscara y toca)

BANDONEÓN

Che, me parece que la gente ya entró ¿no son esos que están sentados ahí?

PANDERETA

Perdón papá. (se trepa lentamente en una escalera de carpintero)

PIANO

Honey, I found a reason to keep living

And you know the reason dear, it´s you

And I´ve walked down life´s lonely highways

Hand in hand with myself

And I realized how many paths have crossed between us

BANDONEÓN

(hace la perfo)

PANDERETA

(Se tira de la escalera y cuando está por caer...)

Apagón.

jueves, 19 de agosto de 2010

Egocéntrico cerebro patán bueno-para-nada

La imagen es esta: un cerebro, en la cabeza destapada de una persona.
Alguien da pequeños impulsos eléctricos por intervalos con un instrumento metálico chiquito, y la persona, con la orden de ir contando hasta diez, va uno dos tres cu(electri)aaa… eee aammm…(cidad) cuatro cinco seis siete(electri) dddddddd… … aaa…(cidad) ocho nueve…
Esta imagen se me repite, aparece de la nada, se queda ahí flotando, desaparece un tiempo y vuelve.
Puesta en abismo cerebral, el cerebro manda imágenes que lo aterran como órgano. Las repite, para protegerse, o para torturarse, o para ser recordado a con para por sin sobre tras si mismo.

domingo, 18 de julio de 2010

Dos ambientes con dependencia

Es mirar y morir. Mirar, ver que no estás y morir. Y cuando me muero puedo mirar con más tiempo, para darme cuenta que tu silla tampoco está ¿te la llevaste? ¿cuándo pasó? En realidad, y deteniéndome un poco más, el problema es que el piso que sostenía la silla no es el mismo que antes, es demasiado débil, es como de papel. La silla puede haberse caído a través de él, o se desintegró por falta de uso. La aspiración de un objeto a la nada es semejante a la espera interminable del perro con su dueño que nunca vuelve de trabajar. Sólo, inmóvil, mirando al único lugar que puede, quizás sea a la puerta pero. La puerta tampoco está en su lugar ¿ésta es nuestra casa? Veo mi bicicleta y mi paraguas en mi perchero, es mi casa pero la puerta no está. Ya nadie más va a salir de acá, en realidad. Lo que pasa es que nadie más va a entrar, sos el único que entra por la puerta de ésta casa y ya no solés hacerlo. Son las cuatro y cuarto de la mañana, cortinas y ventana desaparecieron, el reloj está intacto en la pared y el segundero desfila como una babosa en una pasarela de sal pero nunca muere. De algún lado entra viento con olor a humedad, decido hablarte. Arremeto contra el teléfono, levanto el tubo con delicadeza para evitar la desaparición. Hace horas que no te hablo, me estoy volviendo loca, marco el número y digo hola. Me contesta una voz profunda y filosa, no es la tuya, sospecho que es dios y cuelgo. Vuelvo a marcar y me recibe la misma voz, por las dudas le pregunto si estás por ahí, me dice que no, que habla Dios y que quiere ofrecerme un paquete en el que viene incluido él y un set de santos. Dudo, corto. Pienso que no quiero un dios, pienso que te quiero a vos, pero que en última instancia y ya sin opciones, ya sé que número marcar... el tuyo, extraño. ¿En qué creer si la silla que desapareció de tristeza y yo somos casi lo mismo? Pienso que la piedra que estoy empujando montaña arriba ya llegó a la cima y está rodando de nuevo cuesta abajo. Creo que, ésta vez, en lugar de ir a buscarla me voy a tirar yo también.

Mientras estoy paralizada al borde del precipicio, en la dimensión tangible voy a hacerme un te. El agua que hierve me sirve muy bien de compañía, hace un sonido agradable y también puede quemarme hasta la deformidad. Justo el nivel de incertidumbre que necesito para no volverme loca, justo lo contrario a Dios al otro lado de la línea. “Todos los hombres sanos han pensado en su propio suicidio”, baja la sangre al sótano del hombre que se colgó en planta baja. Todo lo posible puede pasar, pero no pasa.

Sábanas en el cajón de los cubiertos, me río pero no en la cara, se que fuiste vos. Pienso en mi propia desaparición y me doy cuenta de que si no estás es porque acá estás muerto. Y la decoración que desaparece se está yendo de a poco a tu santo sepulcro, como ofrendas al faraón de tus ciencias benditas. Mañana voy a quemar la casa, antes de que se queme sola. Estás muerto acá, y me alivia la idea de que estás vivo en otra parte, tal vez estés con esa mujer que te hace sufrir pero que tiene unas manos que te dan escalofríos, o con ella que te cuenta historias que te dejan extasiado, o con la que brilla en la oscuridad y encandila a todos, y te encandila a vos, y no querés estar lejos nunca de esa luz. No, no me alivia. Estás vivo con la reina y estás vivo acá también, todas mis sillas se mueren, el piso de papel cede. Intento llegar al teléfono pero me hundo en la nada. Caigo en el charco del sótano, la sangre no es mía, es del ahorcado. No me puedo mover, mi conciencia se me sale por la boca, me entran bichos vivos en los ojos y el promontorio sobre el que reposo se levanta y me hecha al mar. No hay puertas ni ventanas, que absurdo. Yo sólo quería que vuelvas, si voy a matar al demonio adentro mío tendrá que ser sobre mi cadáver.

lunes, 26 de abril de 2010

Pequeña alegría

Tecleo indiscriminado mientras suena Little Joy. ¿Cuál será la próxima obsesión? Oh Jesus, have some mercy.


Ésta noche es como estar adentro de una copa de vino. El cielo es transparente y, extrañamente curvo, llega hasta mis talones. Estoy gastando el tiempo.

Mañana es un lindo día, soleado y nos reimos. Pero ahora, ya no me parece gracioso. Ahora es creer o reventar, cargando con la culpa de ser una granada de mano. No estoy creyendo nada, el tiempo está siendo gastado, en pensar: salen minas de carbón, rutas asfaltadas, aljibes infinitos, coches fúnebres, paisajes espaciales sin estrellas, invasión de arañas gigantes. El truco está funcionando, pienso en cualquier cosa, pero la oscuridad se está arrastrando por mi brillante parquét. Arañas negras ocupan todo mientras me río de mañana. Mañana cuando estabamos viajando en un taxi y no entendíamos las calles, pero yo no veo que te estés riendo.

Estuve ganando unos buenos sueldos. El plan: gastarlos en buenas ideas, en un poco de dignidad. Me dijeron que la daban gratis en una esquina por Flores y fuí. Me dieron un poco, pero fue suficiente en ese momento. Fui feliz hasta que me di cuenta que no era original, era una imitación, una copia trucha. Se despintó y después se evaporó. Mañana pago por ella, busco la etiqueta, la marca de calidad. Esa es una buena idea.

Sale el interior de una lente Canon 18-200, se me están acabando las ideas entonces bailo. Apuesto al movimiento, me juego todo a las endorfinas. Bailo sin estilo mientras pienso en elegantes smokings, de una fila, de solapa pico, de cuello smoking, de solapa recta, cruzados. Pero si hay viento que se mueve pierdo el orgullo de bailarín de salón, dancing tuxedos get filled with you and the black turns every color, we dance until I loose my legs and fall, todo el viento me suena conocido. En el taxi había viento y yo me reía. No veo que te estés riendo de todas formas, la lámpara colgante en la calle se mueve haciendo un ruido raro.

Canto muy bien, además de bailar. Tengo tu vos, canto con tu vos.

“I´m a thief who´s just been caught”. Ya no puedo cantar, me suena conocido.

Mañana creo que ya nada tiene que ver con nada y no sé cuál es la risa verdadera.

Ya no me equivoco más.

Salvo que te quedes.

viernes, 16 de abril de 2010

auch

Contrajo su diafragma y sus músculos intercostales externos. Aumentando su volumen torácico provocó una presión intrapulmonar negativa que determinó el desplazamiento de aire desde el exterior hacia los pulmones. Una vez que la presión intrapulmonar igualó a la atmosférica, se detuvo.

“No”, “quiero” y “más” fueron el grupo de palabras que se proyectaron hacia abajo y hacia adelante recorriendo el lóbulo temporal de su cerebro, para después partir en forma ascendente escalando al lóbulo parietal en el hemisferio izquierdo.

Gracias a la fuerza elástica de su caja torácica, esta se retrajo, generando una presión positiva que superó sin más a la atmosférica y determinó la nefasta salida de aire desde los pulmones.

Sus cuerdas vocales sonaron y lo dicho quedó suspendido frente a su boca.

Mis músculos inspiratorios principales reaccionaron de una manera similar a los suyos hacía pocos segundos. El dióxido de carbono cargado de su enunciado entró en lugar del oxígeno que mi torrente sanguíneo buscaba. La detoxificación de mi sangre no se llevó a cabo correctamente. Intoxicado, la hematosis fracasada, con los sacos alveolares desconcertados y el ritmo circadiano violentado, mi sistema cardiovascular colapsó.

Ventrículo izquierdo, aorta, sistema capilar, aurícula derecha, ventrículo derecho, capilares pulmonares, aurícula izquierda... todo el circuito en vano. Todo intoxicado, pequeña asfixia.

Leve daño tisular en una parte del corazón, muerte celular permanente en la zona del epicardio.

lunes, 29 de marzo de 2010

Unbearable conversations: the ultimate mind trap

La cotidianeidad es un arma de doble filo (que el realismo usa para cortarnos las dos piernas a la misma vez)

Uno y otro (mezclándosen con desgano y falsa simpatía leve que se mantiene durante toda la conversación): ah, HOLAhola, ¿COMOque talESTÁS? ¿BIENbienVOS?

Otro: ¿todo bien?

Uno: sisi… tranqui… acá…

Otro: ¿laburando?

Uno: y si… vos también…

Otro: si, si, por suerte…

Uno: y si, obvio

Otro:

Uno:

Otro: ¿y la Facu? ¿seguís?

Uno: sisi…

Otro: ya te falta poco…

Uno: si, termino ya este año…

Otro: ah buenísimo, ¿y te gusta?

Uno: Si bastante… … … tiene sus cosas, pero está bueno… ¿vos? ¿Qué estudiabas?

Otro: Comunicación. Me falta un poco todavía…

Uno: ah…

Otro: si, pero está bueno. Que se yo.

Uno (que no demuestra intención de seguir la charla pero no encuentra el punto medio entre eso y darse media vuelta y retirarse sin más): …

Otro: ¿seguís viendo a alguien?

Uno, interior: ayyyy… ayyy…

Uno, exterior: Si, a un par…

Otro: Yo vi hace poco a Nacho por la calle. Estaba con la misma novia de antes…

Uno: Mirá…

Otro: Si…

Uno: Bueno, voy yendo… hasta emmm… bueno….

Otro: nos vemos…

Uno: eh eh.. y si… nos cruzaremos por ahí… ja! (int. ayy)

Otro: chau, suerte!

Uno: Chau, chau.

Resignarse y recordar que la vida es un devenir, considerar seriamente evitar de todos modos las pérdidas de tiempo reales.

lunes, 22 de marzo de 2010

Viciosos

¿Qué fue de aquella gloria que soñábamos Juan Manuel? Ponete el sombrero por favor, tu cabellera es insultante, una campo anegado y traicionero. Una huella vil de la humillación.

Pensar que cuando eras un crío participaste en los enfrentamientos contra los ingleses, que esperanza teníamos. Los vecinos más respetables te traían en brazos y me decían, Señora Agustina, su niño es el más valiente de toda la estancia, será un triunfador. Sacó de usted el brío y la sensatez y del señor León, la fiereza y la valentía. Ilusos.

No me mires con esos ojos ebrios, ya no se como esquivar tu mirada sin seguir rebajándote. Realmente creo que sos lo peorcito de los diez hermanos. Mis hijos, debo admitir, fueron mejorando en orden de aparición. El primero, tu hermano Ernesto, una vergüenza para la familia Ortiz de Rozas López Osornio, dedicado desde su infancia al juego y a la mala vida. El décimo, tu hermano Prudencio, una joyita, el mejor cirujano de la nación, la luz de mis ojos. Y vos Juan Manuel, vos saliste segundo y así te tengo, un monigote bobo y simplón.

Fijate que no tenés ni una calle con tu nombre, fijate Juan B. Justo, el muy socialista. Fue un simple senador, tuvo un puestito de diputado, y tiene una avenida que cruza desde lo mejor de Buenos Aires hasta los bajos fondos. Y el arroyo Maldonado que le da fuerzas… un caudal subterráneo de aguas turbias donde vos ni siquiera podrías nadar, porque no tenés vigor, porque te falta destreza Juan Manuel. Estás atrofiado.

Ojalá aquellos horrendos rumores del hijo bastardo hubieran recaído sobre vos, en lugar de haber torturado al pobre Gervasio. De ser así, yo no los hubiera negado, a pesar de que hubiera herido mi honor y el de tu padre. Pero me habría desligado al menos de éste fracaso que salpica sangre a mi vestido como un ternero degollado. El fracaso que tenés en la cara, hijo, en la boca, por donde fumás tus cigarrillos con esa cara de niño.

Y pensaste que abandonando a tu madre ibas a encontrar el camino pero lo perdiste Juan Manuel. Pensaste que cambiándole una letra a tu apellido ibas a ratificar una posición que desde el principio fue grotesca. Que adefesio, ahí parado al lado de esa gorda pringosa, como un espantapájaros. Encarnación… la embarazada… De haberme imaginado que mi esfuerzo por llevar la estancia, por domar al gaucho, por ganar respeto, por ayudar al pobre, iba a terminar en el nombre de esta descendencia defectuosa, me hubiera quedado bordando a la sombra del ombú de piernas cruzadas. ¿Qué diría tu padre…? Por lo menos de los diez que tuve dos hijos me dan orgullo, sino mejor caer rodando por un barranco.

Pero por favor… No me vengas otra vez con las Campañas, Juan Manuel. Sos como esas bandas musicales que hacen una canción buena y pretenden vivir de eso toda la vida. Esas Campañas fueron débiles, segundonas. Las que provocan orgullo en el corazón de la patria son las de Roca, las tuyas quedaron olvidadas, por inconsecuentes, por flacas. Una abyecta mezcla de diálogos de paz y genocidio, que no terminaron por llenar tu honor ni tu autoestima. Híbridos cochinos. Juan Manuel de Rosas: mirada de perro hambriento y un sable en la mano, cayendo siempre en el error de creer que se puede compensar sandías con manzanas, oro con bronce, honra con espectáculo.

Existen sólo dos razones que me hacen recordar, lamentablemente, que sos hijo mío. Tenemos un defecto en común, Juan Manuel, somos viciosos. Vos sos vicioso porque coleccionás whisky y telarañas entre tus huesos. Yo soy viciosa porque sufro recordando la esperanza herida del pasado. Cuando tu pelo era rubio todavía ibas a ser un héroe, sienes cargadas de elegancia se tranforman sin piedad en pelo ralo y grasiento.

La única otra huella de nuestra sucia cuerda cosanguínea es algo que bien aprendiste de mi. Aquella frase que sólo pocos recuerdan, que dijiste alguna vez durante tu débil gobierno y de la cual no fuiste capaz de citar las fuentes, plagiándola como un caco delincuente y callejero, a tu propia madre. Esto siempre te dije: “El rey es como un padre: amar, castigar y recompensar”.

Vos nunca vas a ser rey, nunca vas a ser padre, siempre vas a ser un vicioso Juan Manuel.

jueves, 4 de febrero de 2010

Demolición

Apagá la luz en los espejos querida, total es que los reflejos son una inmundicia incierta, ya no sé que creer. Mirá en la habitación contigua, las ventanas soplan su propio viento y nadie se marea, en cambio acá. La nausea y el polvo de tu padre muerto que sigue en el piso, ya no se puede andar sin pantuflas. Esa sensación horrenda de arenilla en los pies. Está en la puerta. Es un montículo de polvo que no me deja salir. Y para qué quiero de todas maneras salir querida, si escapaste presidida por el Ingeniero a zonas más reservadas. Escapaste al jardín a podar todo lo eléctrico que crecía ahí y después ya no volviste.

Las moscas que no dejan de llegar, no te trajeron de vuelta pero vienen, solas, a posarse en la espuma negra de mi sangre sucia.

Cuando se mata se es doblemente ruinoso. Una actividad de riesgo, el mayor equivalente de cualquier alianza. Pero claro, ella y su interés financiero por un número que no perdiera el calor. Traducías el boicot en fosforescencia quieta. El único misterio beneficiaba a la refinería adelantada de nuestros vecinos. Creo que ellos lo sabían todo, por eso yo me peinaba agachado en el tocador que se enfrentaba con su ventana. Mis mejillas querida mía, estaban rosas: el color bueno, la primera consecuencia visible del dolor o la culpa.

Ahora que soy solo, los vecinos me acechan, miran largamente mis cejas, el calibre de mi frente y mis lunares, que son como petróleo libre, como un dique muy extraño. Matar y huir, mejor olvidar. Ahora las moscas me dan la espalda.

martes, 19 de enero de 2010

Blue grass

Ay mi madre, como tocaba el blues. Había que subir el piano con las patas sobre unos baúles grandes porque era un desperdicio hacerlo sentar para tocar. Bailaba con las manos sobre las teclas y con el resto del cuerpo también. Giraba, saltaba, nunca le daba mal a una nota. Su saco dorado y el negro del satén; brillaba como un meteorito.

En su juventud, la gente sacaba los pianos a la calle porque no conseguían quien los repare. Estaban, viejos, destartalados, aburridos. Él los entraba a los pasillos, a los zaguanes, y con una tecla de éste, un pedal del otro los iba reparando. Si una tecla no sonaba le ataba uno, dos, tres cables hasta hacerla reaccionar. Si esto no funcionaba simplemente tenía que encontrar otra nota que la reemplazara. Así aprendió a arreglar pianos y a improvisar.


Era el principio de algo pero me olvidé de qué...
Si alguien se acuerda como seguía, lo escribe.
Como un cadáver exquisito del alzhaimer.