En el bar El Milagro el cantinero se despachaba en fiebre etílica con los clientes mientras las familiares figuras sombrías desfilaban puerta abajo y puerta arriba. A la hora que el piano empieza con sus quejas chillonas, ella vuelve a entrar.
Raída, descolorida, cubierto de ominosas lentejuelas su vestido azul, trae una nueva presa. Ésta vez, a diferencia de las otras, el muchachito parece entender lo que está sucediendo. Ésta vez
4 comentarios:
me gusta.
entre este y la pedofilia, estás explotando tu faceta perversa.
seguí así, no cambies nunca
muy bueno, enfermita
"le manotea el pantalón" es un eufemismo de "le manotea el ganso"?
se llamará filifilia esto? o es imposible?
te diste cuenta, mat, cuanto se parece la palabra manotea a tu nombre? por ahi VOS sos un eufemismo para "le manotea el ganso"... pensalo...
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