Una chica que vamos a llamar Inés, sale con un chico que vamos a llamar Osvaldo por primera vez. Inés y Osvaldo van por ahí, hablando, charlando en una situación como de cita, pero tratando de evitar la sensación de esa situación. De repente las cosas llegan a su fin, ya es tarde, caminando por la calle, está nevando un poco y la nieve también moja. Así que llegan a la casa de la chica que llamamos Inés, una humilde casa departamento de planta baja que comparte con su hermana. Osvaldo tuvo la gran amabilidad de acompañarla hasta ahí, que lindo Osvaldo no? Siii. Llegan y viene el momento en que hay que despedirse. Bueno, que pin que pan hay un abrazo, hay un hablamos, un nos vemos, yyy, un chau. Y si. Inés, ay, Inés con la llave en la mano y la mira como si tuviera que aprender de nuevo como se abre una puerta. Es que la cabeza de Inés está en otro lado. Inés, ay. Osvaldito a todo esto se va caminando, tranquilo, bajo la nieve, manos en bolsillos, quien sabe si no silbaba. Y no lo sabemos, porque a partir de ahora el foco de la narración se queda en nuestra chica estrella. Inés entra y se queda mirando hacia afuera, a través del vidrio de la puerta, como Osvaldo se va caminando y preguntándose muchas otras cosas que no tienen que ver con silbidos. Cosas como ¿y que se hace ahora? ¿me quedo acá parada? ¿volverá de repente? ¿hace frío o soy yo? Me parece que me voy a resfriar (eso es mas suposición que pregunta departe de Inushka) ¿está mal si salgo corriendo atrás de el? No, si, está muy mal. No, si, seria un desastre. La cabeza de Inés sigue en esta actitud meditativa en la que los pensamientos van muuucho pero mucho mas rápido de lo que cualquier ser humano (hasta Inés, que suele hablar bastante rapidito) podría articular. Peeeero, mientras tanto el cuerpecito de Inés se las había arreglado para entrar al departamento, dejar su bolso, su paraguas y volver a salir (alegando a su dormitabunda cosanguínea que iba al kiosco de la esquina). Eso es lo que yo llamo un gran desdoblamiento cerebrocorporal!!! Ah si. Nuestra heroína ahora está corriendo por los adoquines bajo la nieve que la moja la moja, se hace agua apenas la toca, ella tiene frío pero su cuerpo rebelde derrite. Corre suponiendo el camino de su Osvaldo, hasta que ahí lo ve. Una figura masculina parada quieta en la vereda. Entre la nevisca y las 4 de la mañana no se ve casi nada. Ella duda, ¿violador u Osvaldo? Se acerca arriesgándose a ser violada por sujeto sospechoso parado en la oscuridad a altas horas de la noche y si! Es Osvaldo! punto para Inés que va a retener su flor intacta!! (por suerte?). Osvaldo también piensa que Inés es un violador y se asusta. Inés llega y le dice, pensé que eras un violador, uy te asusté? Osvaldo: un poco. En fin, ahora la tenemos a Inés ahí parada, bah, apoyada contra la pared de quién sabe que recinto (un paredón horrible parece) agitada y diciendo no voy a correr nunca mas en mi vida. Osvaldo presencia esta escena con notable desconcierto y alguna que otra risita (a la cual Inés se suma, siendo ella de esas personas que se suman a las risas cuando están bien justificadas o son de nervios). Inés le dice a Osvaldo, ¿y si nos damos un beso de chau?. Tatannn! (figúrense en sus cabezas la imagen, ella corrió 3 o 4 cuadras, toda mojada, toda entregada, un poco simpática y bastante patética) Osvaldo en un montón de palabras y gestos que no vamos a enumerar (porque nuestra heroína es Inés y le vamos a ahorrar mas sufrimiento) saben que le dijo? Que mejor NO. Saz!
Bueno, ahí vino toda la bola de bueeeno, entonces, bueeno, y... Inés tiene muchísimas cosas para decir al respecto, pero no dice nada. shhhh... Mirando un poco una luz amarilla de la calle y un poco a Osvaldo, alternando a uno y a otro. Y tac y tac.
Midiendo por el reloj biológico de Inés no sabemos si esta situación duró tres minutos o milochocientostreintaidosmilcuatrocomatresperiodico. Inés pensaba a cien por hora, pero mientras tanto en otro hemisferio de su cabeza (no en el palacio de la justicia, aunque volviendo a la disociación cerebro corporal, su cerebro le hacia mucha mas justicia a la situación que su cuerpo que la dejaba inmóvil como una vacota) bueno, en otro hemisferio de su cerebro sonaba en ripít un constante "...ahora-me-voy-a-dar-vuelta-y-me-voy-a-ir/ ahora-me-voy-a-dar-vuelta-y-me-voy-a-ir/ahora-me-voy-a-dar-vuelta-y...", hasta que dándole el gusto al hemisferio noroeste la boca dice "ahora me voy a dar vuelta y me voy a ir". Y ella lo hace. Antes de Ita efectuar el pibot y retirada en la posición más erguida que esta muchacha pudiera lograr, Osvaldo la abraza, y ella a diferencia del primer abrazo (el de la puerta de su casa, el de antes de la humillación, ese al que quisiera volver en este instante, tomarse el DeLorean en la parada de la esquina, para volver atrás y no repetir lo que acababa de hacer) no lo corresponde. Se queda parada envuelta en los brazos de Osvaldo y para qué seguir el relato si ya pasó el clímax. Osvaldo le dijo que no, corte! Zak! Wow! Inesperado (o casi) y ella se va caminando debajo de la nieve y jugando a tirar las llaves para adelante y agarrarlas del piso, como para medir el tiempo en alguna otra unidad que no sea tiempo.