En una época yo me pensé que era linda. Que extraño y lejano es recordarlo ahora. ¡Eran tiempos en los que pasaban unas cosas…! Vos pensabas que yo era linda. Por eso, que fantástico.
Pero después pasó que los planetas chocaron y tuvimos que huir de la tierra en naves espaciales a alta velocidad. Pasó que estalló el cielo y casi toda la humanidad se volvió una masa pluriforme de ojos y manos. En mi casa aparecieron un montón de adivinadoras del futuro que me revelaban el horror de lo que pasaría en los siguientes 5 segundos. Alguien colgaba gente de los cables que van por las calles de poste a poste, los colgaban de las manos o de los pies. A mi no me colgaron y a vos tampoco, pero habían 10 o 15 inquietos colgantes por cuadra. Los canales de TV dejaron de transmitir en colores para volver al blanco y negro, pero no pasaban noticias de la invasión. Ahora transmitían 24 horas por día de momentos memorables del ballet ruso de las épocas de Igor Stravinski. Las adivinadoras me prevenían a cada momento del próximo degagé, rond de Jambe en l´air o fondu relevé que ejecutaría el señor bailarín en la televisión. ¡Cuidado, ahí viene! me decían ellas, fofas y temerosas, y yo les rogaba que me dejaran en paz o que, por lo menos, ejecutaran una pirueta ellas mismas.
Afuera, equipos enteros de balonpié corrían por las calles, por las autopistas, por las avenidas, pateando todos los tachos y los gatos. Mientras, caían del cielo círculos de una extraña malla fibrosa que hacían estornudar incesantemente a todos los que quedábamos vivos, a los futbolistas y a los periodistas. La noche se apagaba repentina cada 3 horas y media, como las luces del cine. Y volvía a prenderse después de otras 3 horas y media, para amanecer con fuegos artificiales extraterrestres. Se hacía difícil dormir, ya nadie lo intentaba.
Nosotros dos sobrevivimos en el medio de la gran revuelta, logramos huir de todas las amenazas, no nos colgaron, no nos patearon, no bailamos ni morimos de aburrimiento, sí estornudamos hasta desnarizarnos y desnarizados huimos raudos en nuestra nave espacial.
En algún momento de todo este baile vos dejaste de pensar que yo era linda. Y así fue como terminaron esas épocas doradas.
1 comentario:
Hay momentos en la vida en las que el razonamiento lleva al cliché.
Pero el cliché en ese momento deja de ser un sentido peyorativo y se carga de la profundidad de lo que nos pertenece de raíz...
En este caso, para mí, fue la frase "you complete me". Pensé, fatídicamente, que me acabé.
Me acabé. Para el lado de adentro yo ya me acabé. No cierro, por ningún lado.
“En un tiempo yo fui linda”, en un tiempo yo fui perfecta. En algún tiempo verbal que se me escapa hay alguien que elige en los defectos de un ser específico una perfección de epifanía, y ve la perfección, y todo cierra, pero se me escapa.
Publicar un comentario