lunes, 21 de agosto de 2006

U S F (texte sans terminer, ni nadá)

U s F que diferentes hombres me besan. Siempre me encuentro acostada y ellos me besan y se van. Indiferentes hombres me besan y se van. Yo me quedo acostada esperando que vuelvan. Y ellos vuelven. Y sucede que ya me olvidaron. Y yo les sigo la corriente mientras pienso cuánto me quiero morir. Realmente morir, en los sueños no hay recatos ¿vió? Sinceramente deseo morir, pero acá y allá logro montar un hermoso teatrito de vida exterior. Hasta sonrío, les sonrío.
Ninguno es usted, cada día es otro el que me besa, y ninguno de ellos es usted. Ahora que ya se sobre esto, siempre me voy a dormir esperando que hoy llegue, Fernández. El día que eso suceda voy a dejar el teatro y voy a morir mientras sueño. Y no me voy a despertar nunca más.

¿Sabe? Sigue haciéndome infeliz Fernández. Pero deje, no. No se haga mala sangre, es solo una pequeña debilidad. Es un talón de Aquiles, un vientre de Tetis, un grito de Casandra, una duda de Clitemnestra, y quién sabe qué más. Es solo si yo encontrara la forma de llenarlo a úd con cosas, vasos, o flores, o lanas gruesas, o vestidos brillantes, o formularios de la DGI, o pólvora. No. Sigo sintiendo por momentos que baja la música y usted hace su aparición. Que suenan una o dos cuerdas de guitarra y usted entra por la puerta como si nada, medio perdido, medio buenmozo. Y yo estaba ahí sentada pintando unos zapatos y de repente se me cae el pincel y me quedo mirándolo completamente apincélica. Y usted atina una sonrisa tosca pero la reprime y se queda mirándome así tan buenmozo. Y los dos sacamos la mirada rápido, porque si hay algo que compartimos es esta timidez galopante. Pero imaginesé Fernández que ¿A dónde vamos a mirar en una habitación como esa donde no hay nada más que color rosa, mi zapato medio verde y medio rojo, mi zapato verde y mi pincel? Yo intentaría retener la mirada en alguno de los muebles y usted miraría al piso. Pero no hay nada de esto, estamos usted y yo Fernandez. ¡y por favor haga el favor de mirarme, no sea chiquilín! Ahí estamos, mucho mejor. Nos estamos mirando de nuevo usted y yo. Usted y yo. Y yo no puedo contener una risa como un estertor de esos aguditos y usted pega un pequeño brinco. Y yo que me río de los nervios y de puro disimular el dolor. Me río y de mi rodete se suelta un rulo. Y usted se ríe de mi rulo y de los nervios, y de su traje, porque se le suelta un rastrillo y suerte que no le pega en la cara. Bueno… mi estimada Rosamontes, dice usted, la voy a ir dejando… será hasta la próxima… Vaya. Vaya dejándome… digo yo. Espero que podamos charlar largo y tendido la próxima ocasión, dice usted. Claro que sí, podemos mantener conversaciones larguísimas usted y yo, digo yo… ¿no? Y usted, si claro, pero no quiero más besarla mientras charlamos, ya no la amo Rosamontes. Ya lo se, me causa una pena severa y profunda Fernández, porque usted sabe, yo sigo firme en mi tesitura de amarlo perdidamente. Si, lo siento tanto. Si.




¿Por qué está aún ahí parado Fernández? Retiresé. Haga el favor de retirarse. Disculpe querida, sólo quería verla pintar ese zapato un ratito más. ¡Es que lo hace con tanto esmero que es admirable! Le agradezco la observación ¿sería posible que lo admire tanto que quiera besarme? No Rosamontes, eso no es posible, notará que no está sucediendo. Si, lo noté; no estoy sintiendo ninguna boca sobre mis labios. Claro.
Yo por mi parte no estaba llorando ni lo estaba matando. Pero eso no significa que no estuviera envuelta en pena ni que no quisiera que usted cesase o cesara de existir. Usted por su lado seguía bamboleando sus ojos por la inmensidad rosa del lugar y por mi. Sin significar que usted no tuviera unas ganas locas de estar enamorado de mí en algún punto de todos los del infinito. Significando aún sí, timidez y su poco acierto para la elección de acciones en situaciones complejas. Entiéndase por situaciones complejas, Fernández, aquellas que involucran a dos o más personas que se miden en unidades de tiempo diferentes o distintas. Como usted y yo. Usted punto. Yo punto.

¡Ja! ¿Recuerda aquella vez que hicimos esa salida al cine? Habíamos ido a ver un filme muy bonito, que si mal no recuerdo se intitulaba “El sombrero de copa”. ¿Era ese o uno con Jean Paul Belmondo? No, era “El sombrero de copa”, lo recuerdo bien porque quería usted ir a ver otro filme que estaba proyectándose. “Muerte por explosión” se llamaba, y a mi me pareció tan ridículo que me provocó una ternura de pollito pastel.
Íbamos eso sí, los dos vestidos de verde. De correcto verde para el cinematógrafo. Casi todo era verde esa tarde y nos sentaba sumamente bien. Finalmente terminaron proyectando “Muerte por explosión” sobre mi ataché verde, ¡como nos habíamos reído! No porque la catástrofe fuera graciosa, en lo absoluto, sino por lo paradójico de la situación. Y porque usted y yo sabíamos bien de mi rechazo por las muertes no-naturales y por Jean Paul Belmondo. Terminamos perdiéndonos El sombrero de copa porque para esa había que vestir de azul, y ser bastante gordo porque estaba en cinemascope.
Pobre Jean Paul Belmondo, él no tenía nada que ver. Yo solo estaba proyectando en él mi miedo a que usted me abandone Fernández. El señor Belmondo nunca me hizo nada malo después de todo. Mucho más al contrario. ¡Oh Pierrot Pierrot! Entristecí diciendo…¡oh Pierrot!
Fernández, vuelvo a rogarle que se retire. ¿o me va a obligar a echarlo como a Lassie por los montes? A echarlo a piedrazos mientras lloro expresando claramente que lo único que quiero es que se quede conmigo para siempre pero que prefiero que se vaya porque sé que es lo mejor para usted porque tanto usted como Lassie están mejor lejos de mí usted por el tema de la no correspondencia y Lassie porque seguramente estará mejor con su familia canina. Al fin y al cabo las dos razones son la misma, la razón es que es mejor bien acompañado que mal acompañado. Sin embargo tengo algo que decir Hernández, digo, Fernández: Yo no creo que usted pueda nunca estar mejor que estando a mi lado. ¿Vió como me confundí su nombre? Fue a propósito.

No me mire así Fernández. Me hace pensar que quizás tengo chances. Con usted, de quererlo un poquito. Si ahora mismo me dejara yo le podría acariciar el pelo. Además me compré unos peines de hombre que claramente no son para mí. ¿Querría probarlos? Ah, ¿no? Bueno. ¿Y por qué no se va de una vez que tengo cosas que hacer? Tengo como 7 u 8 cosas para hacer hoy.
¡Odio que me digan que sueno a folletín! Asique ni piense en decirlo.
Si, sé que puedo parecer ruda cuando digo esas cosas Micielo, digo Fernández, pero es que tengo la necesidad de perfumar todas las cosas, los libros, mi ropa, su ropa. Y el perfume es muy del folletín. Y no soy ruda, pensé que se olía a primera vista que era como esos bichitos que parecen una hoja. Es pura supervivencia y su desamor Fernández, que me dejó algo cínica, un poco agresiva, cocorita y muy muy de dar pena. Mire lo que llegué a pensar el otro día, ¡que barbaridad! Pensé que ya no quería cambiarme las medias.

6 comentarios:

ariela dijo...

Reciclando y continuando con el tema Vonnegut, que más corresponde acá (podés jugar al juego de las 7 diferencias pero capaz te aburrís):

¿Sabés? Voy a hacer un collage con frases de esas que nunca faltan en los libros de edición estadounidense (y por supuesto que me refiero a las best-selling frases que pueblan la contratapa de Breakfast of champions y cosas por el estilo) para aplicarlas, con suma justicia, a este precioso texto, o mejor dicho:

"Unique, We laugh in self-defense"
-The Atlantic Monthly

Or my favourite (check the author)
"A cause for celebration"
-The Chicago Sun-Times

And then I quote one of the excellentest parts, translated by our finest Altavista / Babel Fish professionals:

Entiéndase by complex situations, the Fernandez, those that involve two or more people than are moderate in different or different units of time.

aaah...once again...a fotolog* master piece

*blog

- By the DBE (Death by Explotion) Herald

ariela dijo...

1. (haciendo uso y abuso de mi derecho de firme en este y todos los blogs)
aaaahora sí! ahora capto la onda del sombrero de copa.

2. (haciendo uso y abuso de las citas mal coladas por mis neuronas, y cuyos nombres son ficticios salvo el de Pino Solanas).
Te cuento una historia que un amigo de un amigo de un amigo de Pino Solanas le contó a un amigo de un amigo de Pino Solanas, y que viene al caso ya que versa sobre la naturaleza de la obra de arte en construcción:

Estaba Don Miguel de la Mancha contemplando en un museo, las maravillosas obras de Renombrado Pintor. Avistando a un vándalo que se abalanzaba pincélico (es decir, con portación ilegal de pincel) a corromper las obras de Renombrado Pintor, avisó a Personal Correspondiente.
Mas al oirle, Personal Correspondiente dejólo boquiabierto tras las siguientes palabras:
"Pero si Vándalo no es otro que mismísimo Renombrado Pintor"

Anónimo dijo...

que risa!!!
gigante y a las 6 40 de la mañana!!! doble mérito para ella!


¿alguien se preguntará que hago acá un martes a las 6 40 de la madrugada?
La razón es más tenebrosa de lo que cualquiera se pueda imaginar.
Seriamente.

Mateo dijo...

Para mi está re terminado. Cuando una mujer apincelica ya no tiene deseos de cabiarse las medias, algo llegó a su fin. Puede que no sea el cuento, pero algo.

Muy buenisimo. La risa te entra por el costado, porque es triste tambien, y no da reirsele de frente.

Valió la pena la espera.

ariela dijo...

Yo sólo espero que no sea una de esas en las que el despertador se hace escuchar en vano; y la sujeta agustina, en plena vigilia imsómnica, ante el bip bip bip, no hace sino grrr grrr grrr.
Esperemos que no, porque eso sería más tenebroso que duende con navaja.
Pero, en el caso de que así sea… al menos podemos tener por cierto que el materfamilias Leonor, para más o menos ahora, se ve encantado con una habitación que rechina de ordenada.
¡Buena vibra, oh sujeto productivo de la sociedad! Ya vendrán las de recoger cosechas...

Mikel dijo...

ese Fernandez es medio gil.