domingo, 13 de mayo de 2007

Una de orquídeas

Raimunda María Saragossa Doménech salió agitada al patiecito del fondo. Retorciendo con dos dedos fuertes la falda de su vestido floreado, respiraba profundo. Necesitaba alejarse un momento de aquella ventana que la estaba asfixiando. Su boca sangrando brillaba como una niña comiendo chupetines, feliz, destellos de vidrios se enciendían y eran lucecitas en sus labios, laxos, lívidos, lascivia.
1
Cuando llegó el primer día a la estancia, cruzó caminando apurada y su valijita redonda el extenso parquét del salón. Sin mirar nada, ansiosa por conocer el cuarto que sería su habitación. Después de acomodarse recorrió satisfecha la casa, desde la cocina hasta el lavadero, tranquila, pensando en otras cosas, y al final el salón. No, sí, ahí empezó todo. Miró con ojos inmensos la ventana principal del salón de la estancia aleteando las pestañas que todos pensamos que iba a volar. Raimunda María Saragossa Doménech quedó encandilada. No había caso, no había forma, no podía dejar de mirarla, no quería moverse nunca más de ese lugar, ni estar con nadie mas. Otra vez.
Pero no, no es fácil enamorarse de una ventana, tan cambiantes e indecisas. Raimunda trató el asunto con mucho respeto, no era la primera vez que le pasaba, pero esta vez era distinto. Sabía del peligro, de aquel desconocido peligro de sufrir amor por una de aquellas; rectangulares, transparentes, abiertas, siempre abiertas aunque cerradas, todos los segundos algo nuevo para ella solo para ella, todos los minutos posada en esa pared, tranquila, cuidando de Raimunda, diciendo lo mismo que ella pensaba, mostrando lo mismo pero distinto, señalando esas cosas que pasan, y que hay que ver. La ventana no era ella, y eso la afligía. Ella no era una ventana, ¿Cómo podría? ¿Cómo se separarían ahora?
Raimunda se sentía obscenamente excedida por la hermosura de la ventana, sabía que no la merecía, la ventana se abría a ella cada vez más y ella ya no podía mirar. No podía mudarse de nuevo de casa, no, pero ¿Quién diablos iba a pensar que en esta estancia derruida encontraría la ventana perfecta? Esa, la que le avisaba que las perspectivas que estaba dando eran solo una forma de ver las cosas, la que le daba el privilegio de la mirada total y que atraviesa, la que se deja traspasar con los ojos y que si Raimunda se acercaba con el cuerpo le devolvía un frío tan tierno; y se empaña el vidrio con la respiración y el calor pasa y vuelve y la respiración se torna más agitada y más calentita, y los materiales de los que están hechas, madera, vidrio, carne, huesos, hierro, un blanco invernal y sus labios trasparentes contra los dedos de vidrio, se vuelven aire espeso que va y viene ondulando respiraciones que ya no se sabe de donde nacen, que son la ventana, y es Raimunda y son lo que se ve para ambos lados del vidrio, mas los reflejos, mas los reflejos de los reflejos, más la entrega profunda que Raimunda no puede más y sale al patio. Retuerce su vestido y no se lamenta nunca, sólo intenta despejarse para encontrar el punto justo donde el aire tibio pueda hacer de su ventana y ella, un solo, un solo algo, un solo si, un solo no, el empañado y la frase escrita con un dedo suave sobre la frente frágil entre dos lados de un marco, una fusión de vistas compartidas, de fundiciones de manos y manijas, de manos y manijas acariciando vidrios y marcos besando piernas. De ojos mirando rayos y no diciendo nada porque ya los dos saben, ventana con vista al mar, con vista al mar, con vista al mundo, con vista muda, ventana con su Raimunda, con vista María, Saragossa, Doménech.
2
Raimunda frente a su ventana, la mira fijo en silencio por horas. Repentinamente estallan en una unión de abrazos, vidrios y sangre. No se sabe aún qué es el amor, pero por ahí sea esto.
2bis
Raimunda frente a su ventana, se miran fijo en silencio por horas. Repentinamente estallan en un ataque de risa. No se sabe aún qué es el amor, pero por ahí sea esto.
3
La ventana espera que Raimunda vuelva. Ella regula las horas canónicas, las epifanías y las insignificancias. Las reglas monásticas y el tema de la moral les resulta totalmente ajeno.
4
Durante el asedio de Zaragoza, la ventana llevó a cabo la acción heroica que la hizo célebre. Habiendo caído heridos o muertos todos los defensores de la puerta llamada del Portillo, las tropas externas se aprestaron a tomarla al asalto. Siendo la situación desesperada Raimunda, que formaba parte de un grupo de mujeres que atendía a los numerosos heridos, consiguió disparar un cañón sobre las tropas extrañas que corrían sobre la entrada aparentemente indefensa. La ventana se abrió a pesar de los bombardeos y barajando algunas municiones consiguió evadir los ataques. Los asaltantes exiguos, temiendo una emboscada, se batieron en retirada y Raimunda y su ventana acudieron a tapar el boquete, defendiéndose la estancia una vez más.
4bis
Miran una película. Raimunda teme celos. La abre lo suficiente como para que se sienta mas segura, y lo suficientemente poco para que no pierda el ángulo de visión de la pantalla.
5
Su hermana telefoneaba a Raimunda una vez a la semana. Era para recordarle lo valiosos que eran sus oídos, sus ojos, sus manos, su piel, su habilidad para tocar el violoncelo y su gracia para contar cuentos. Raimunda olvidaba, al menos una vez a la semana, que el paraíso no era tener dos piezas verticales que enmarquen lateralmente, un alféizar o vierteaguas que la rematen horizontalmente sobre el antepecho, un dintel que cierre por la parte superior, hojas generalmente acristaladas, un hermoso mecanismo de cierre de hierro macizo. Raimunda se olvidaba de todo y creía ser ventana. Olvidaba que el paraíso no era de las ventanas y odiaba no ser ventana como su ventana. Dormía en la carpintería, esperando un milagro. Defenestrando cualquier fenestra que no fuera la suya, acción definitivamente anulatoria. Tirar una ventana por la ventana. Tirar todas las ventanas por La Ventana.
6
Alguien camina y decide pararse y descansar. Alguien escribe algo sin saber qué es. Alguien prepara lo más rico del mundo y se le quema en el horno. Se ríe porque quedó feísimo. Alguien escucha el radioteatro y sueña con ser la heroína. Alguien viaja en tren creyendo que el amor de su vida siempre viaja a dos vagones de diferencia, nunca la va a encontrar, piensa. Alguien estornuda y se pone a llorar, todavía no había aceptado el duelo y ya era hora. Alguien inventa el paralelo olfativo de lo audiovisual, dicta así la sentencia a muerte del cine como lo conocemos. Alguien extraña a su ventana porque ya no es lo mismo mirar así, inventa una canción para cantarle mañana a primera hora.

6 comentarios:

ariela dijo...

La que más me enamoró es la cinco.

Mateo dijo...

Uf, que bueno es. Los dos bis me mataron, sobre todo el 4 bis. Y el 1 es emocionante. Todo el tiempo al borde de lo coherente.

quelindalluvia dijo...

es adorable que les guste.

voy a abrazar el monitor.

Mikel dijo...

Nieva adentro de las pupilas, no nieva de verdad, pero a esta vida ya solo le caben metáforas. dos violoncelos que son uno... a mí entender...o una mitad de violoncelo que se apoya contra la ventana y con el reflejo se duplica formando el número uno y la verdad.

es lindísimo.. de a momentos sorprendentemente emocional, léase piel de gallina o otras cosas. y una bocanada de aire fresco con olor a risa que se escapó por la ventanita en dormía en la carpintería, esperando un milagro...ufff..

Samborita Khayatte dijo...

No, no leí aún, me dije que era demasiado largo como para detenerme en él como merecía, como merecías. Por eso, lo siguiente:

A.A, American Airlines, Accs, madre de beige, hija de la que intentó circuncidarme y no me dejé, lo que sea: si tan solo pudiera materializar esto que me hacés sentir, si hubiera sintagmas más propicios... los usaría. No los encuentro por ahora.. así que mientras tanto, deberías conformarte con un cumpleaños. Lo de feliz se ve sobre la marcha, en la cancha se ven los pingos! (ajá, habéis leido pingos).

Te ama desde su pedacito de corazón que no está ocupado por amores ficticios como Fer Redondo, Walter de acá a la vuelta y ese semi-Dios que se cubría las partes pudendas con la cortina de baño...

La mujer humana de Yakko

(claaaaro, y pensabas que sus constantes empernes no me generaban nada? estamos teniendo una relación en tu cocina, a tus espaldas! a las tuyas y a las del freezer ese que tenés de adorno con frutas de mentira arribita).

elizabet gora dijo...

es tan lindo lo que pusiste que esas son las cosas que de tanto en tanto me encanta saber y me hacen sentir un poco mejor en mi mision en este mundo

te quiero gord