Los que nacieron para el fuego morían en el agua en la tierra en el aire. Sólo podían vivir en el fuego respirar fuego, todo terminaba si las temperaturas bajaban drásticamente. Los que nacieron en el agua morían en la tierra en el aire, morían en el fuego en el aire. Incapaces de desplazarse sin aletas, colas, tan inútiles colas para el fuego, y tan hermosas. Los que nacieron en la tierra morían en el agua, sobre el fuego. Morían en el aire sólo si todo era aire. Morían en el agua si todo era agua, morían en el fuego indefectiblemente. Sus ojos eran muy débiles en toda situación. Los que nacimos en el aire, moríamos en el fuego en la tierra en el agua. Moríamos quemados, todo es más hostil que el viento. La tierra es áspera y quema, el agua es densa y nos quema. El fuego y nuestra fina piel.
Fueron tan dichosos en el aire hasta que el aire los traicionó. A ellos. Podían volver, pero no querían. A nosotros nos abrasa el agua y es por eso que no vamos, no volvemos. No vamos. Sería descortés mentir, pero es cierto que nos calcina todo lo que no es casa. Iríamos, nos quedaríamos, nadaríamos, danzaríamos con la llamas, rodaríamos por sus tierras pero algo nos dice que no. No sería cortes mentir. Nosotros decimos que no.
Los que nacieron para el fuego insisten en chocar el agua será el resplandor que los cautiva. Se acercan cada vez más al mar, los rechaza hasta que los aspira. Ellos, completamente cautivados quedan cautivos y el fuego que respiraban se extinguió en el hechizo de las temperaturas más bajas.
Desesperados nos preguntamos ¿Por qué? Gritamos llorando ¿Por qué? Y nuestras lágrimas también son de aire para estar a salvo, siempre a salvo. Desde la cima de nuestras montañas omnipotentes y de mil caras, los vemos llegar a la orilla. Completamente quietos, sin rastros de chispas de su madre hoguera. Mojados se los descubre tanto más minúsculos. Parcialmente indefensos, completamente nosotros.
Les daríamos un sepulcro etéreo pero no podemos tocar sus alas, tienen agua y tienen fuego. Tememos que también tengan tierra y no les importó pero ahí están, en grupos de a 10 de 20 flotando, inquietos solo porque hay olas.
Una vez tocamos a quien nació en la tierra. Había sido traicionado por un viento ardiente. Una llama infame se enredó con uno de nuestros vientos y en el delirio de la lucha atraparon al terreno que respiraba. Lo último que fue, fue la destrucción. Los tres perdidos en un combate enfermizo y cruel por culpa de la llama desleal que jugaba a sus juegos.
Nosotros habíamos estado admirando a nuestra brisa, que hacía arabescos de la mano de remolinos y trombas. En un segundo todo estuvo devastado. Creímos que el terreno había tropezado con nosotros, e impregnado en todos sus poros de aire y de viento se había vuelto aire y viento. Los remolinos desolados tomaron la brisa completamente quemada y tomaron el aire y el viento. Ese fue el fin, la tierra traicionera seguía siendo tierra y convirtió nuestros remolinos en una nube de polvo.
Desesperados sacudimos el centro y todo el aire enloquecimos sin dejar a nuestros remolinos caer. El cansancio nos derrotó y la tierra volvió al suelo llevándose a nuestros hermanos.
Los que nacimos en el aire, morimos en el fuego en la tierra en el agua. Es todo y nuestra fina piel.
7 comentarios:
digamos que en este hermoso ping pong de o.b.r.a.s., te las arreglaste para meter gol de maedia cancha.
Lindísimo. Le rebalsa poesía por los márgenes.
subí tu preciosura a tu blog el que no dice tu nombre y apellido y nos cyberlinkeamos.
lo acabo de ver de nuevo y me toca en el corazón.
no me había dado cuenta de que era otra felpa.
¡qué linda que es! esto es lo que llaman prosa poética ¿no?
leer el primer párrafo por primera vez es una experiencia única, incomparable, inolvidable.
Muy lindo como escribis.
grocias.
fe de erratas:
Muy lindo cómo NO escribís.
un cacho cansado estoy, de que no escribas.
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