Un oldie de delirio estudiantil.
Había un perro. Había algo como un perro. No todo es tan fácil, no era eso lo que amenazaba desde la oscuridad. Un jadeo parecía explicar las ganas incontrolables de volver al apacible pueblito de la costa. Una luz de vaivén entraba justamente por una ventanita que llaman venti-luz, dije chau sin querer. Chau. Y me quedé parado, sobre la arenilla color ladrillo que cubría todo el suelo.
Probablemente estaba atrapado otra vez en la cancha de tenis, pero ¿y ese perro? ¿y el venti-luz? Superé el misterio abriendo la puerta, efectivamente estaba en la cancha de tenis pero ¿de que club? Al abrir la puerta de enrejado romboidal me encontré en el Sertao, noreste brasileño. Quise volver atrás pero ya era tarde, la reja ya no estaba y un perro me miraba fijo bajo los rayos hostiles de un sol penetrante como nunca había visto. Era hora de buscar un nuevo hogar, entendí. Adiós Capital Federal, adiós Silvia, mamá. De todos modos nunca hubiera podido sobrevivir. El perro ladró advirtiéndome “atrás tuyo”. Me di vuelta para recibir una bala del arma infalible de Antonio das Mortes, matador de cangaçeiros.
Yo no era un cangaçeiro, pero merecía morir, antes que vivir tan ciego.
3 comentarios:
Muy bueno. El delirio estudiantil te sienta bien.
Si, definitivamente tenés que volver a estudiar.
"deus e o diablo na terra du soul"
tan-bien podría ser el robotítulo de esta obra.
para mi que en un momento el texto se torna en brasileiro, digo. Pero no estoy segura sara en realidad, nao sei sara nao sei
Qué lindas épocas, seguro que entonces no lo pensaba, pero ahora tengo unas ganas de consumirme películas a razon de 10 por minuto que no te puedo explicar.
No les hagas caso, estudiar es una paja. escribir es más mejor
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