Ay mi madre, como tocaba el blues. Había que subir el piano con las patas sobre unos baúles grandes porque era un desperdicio hacerlo sentar para tocar. Bailaba con las manos sobre las teclas y con el resto del cuerpo también. Giraba, saltaba, nunca le daba mal a una nota. Su saco dorado y el negro del satén; brillaba como un meteorito.
En su juventud, la gente sacaba los pianos a la calle porque no conseguían quien los repare. Estaban, viejos, destartalados, aburridos. Él los entraba a los pasillos, a los zaguanes, y con una tecla de éste, un pedal del otro los iba reparando. Si una tecla no sonaba le ataba uno, dos, tres cables hasta hacerla reaccionar. Si esto no funcionaba simplemente tenía que encontrar otra nota que la reemplazara. Así aprendió a arreglar pianos y a improvisar.Era el principio de algo pero me olvidé de qué...
Si alguien se acuerda como seguía, lo escribe.
Como un cadáver exquisito del alzhaimer.
3 comentarios:
la otra vez que lo leí pensé que era la madre la que tocaba el blues, y después esta vez lo vi y cuando pusiste "él" pensé che te equivocás de género, pero claro....
no sé, yo tampoco me acuerdo cómo seguía, creo que en un momento había una traducción tipo pasto azul y una bella imagen del pasto azul y el cielo verde pero no estoy seguro,
Debo admitir que me paso lo mismo, jejej
Me gusta. Amo el blues.
qué lindo, como de luthier no tengo siquiera las suelas de los zapatos que no llevo puestos, en el caso de encontrar un piano roto también lo haría entrar a mi casa, pero a lo sumo para emplearlo como objeto decorativo-fetiche.
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