Voçé, carinho e amor
En un país cercano se pueden guardar
muchas cosas. Es mi hermano el que está tendido en la arena, es Mariano que
hunde los pies en los restos suaves de cada ola hundiéndolos muy de a poco.
Tomaba ron helado, el aire de la noche estaba inundado con las cuerdas vibrando
de una guitarra, todo era cálido. Las mujeres bailaban en la tienda, las
palmeras meneaban sus grandes hojas.
Él no pensaba en su mujer ni en su trabajo,
más bien no se sentía pensar. Sintió perdonar todo y dejarse ir, creyó que no
necesitaba nada más.
Una ola le dijo que si, cedió a su invitación
y aceptó bailar esa pieza. Tocaron las plantas de sus pies, la ola y mi
hermano. La espuma le efervecía entre los dedos, su camisa se humedeció con la
sal de su cama, su pelo cortísimo se sintió niño otra vez, fuerte y brillante. Sus
ojos en los brillos de la aurora nocturna, parecían ser el uno para el otro. Él
y ella ya eran mejor uno que dos, o eran todo, rompiendo las barreras hechas de
membranas finas de caracol.
¿Viste qué hermosa es la noche? se dijo en voz
alta, ¿viste mi amor? se dijo.
¿Ya oíste como cantan esas guitarras? tan
suavemente... le dijo al mar. Respiraba todo estremeciéndose la piel. El calor.
La música la inventé yo, le respondió el mar.
Él se sonrió ¿Y a mi quién me inventó? le respondió. A vos te inventó la
música, Mariano. Por eso sos tan bueno. Mi hermano soltó una risa simple como
nunca, lleno de humildad ¿Y a vos quién te inventó, mar?
-
A mi me inventaste vos.
-
No me mientas, hermosura.
-
A mi me inventó el calor.
-
Eso no es posible, océano de luz.
-
Me inventó la aurora.
-
Te inventó el dinero.
-
No hables así, a mi me inventaste
vos, mi amigo feliz.
-
Es cierto que soy feliz a tu lado.
-
Con tus pies en mi pelo.
-
Con mis pies en tu pelo hermoso.
-
Eso que acariciás son rocas.
-
Lo que acaricio es tu pelo, tu
pelo son reflejos del cielo, que no termina nunca.
-
Lo que digas está bien, Mariano.
Lo que digas es cierto.
-
Y la música es el calor, no la
inventó nadie.
-
Ya no hablemos más de mí.
Mi hermano rió limpio otra vez. Era feliz y yo
lo veía de lejos, mientras bailaba en la tienda. Mis pies tocaban la arena y los
tambores, los hombres tocaban la música.
Eran las once de la noche en los relojes de
los ausentes, era el calor del cielo negro en nuestras faldas y el baile lo que
las hacía flotar. Yo reía con el morocho que me sacudía al ritmo de vos, las
guitarras vibraban calientes, los hombres bailaban sonrientes. Mi hermano vino,
me tomó de una mano y bailamos. Amo el mar, me dijo. Yo también, le contesté.
2 comentarios:
lo que más entiendo es el título
tengo la interna y no entendiste ni el título lu: es la primera persona del singular del verbo extrañar.
es re lindo, sin agua no hay música
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