La aleta es como de una sirena nadando en la fuente, o la
aleta es como de una ballena nadando en la vertiente. Cualquiera de las dos
puede ir, están bien.
El barco parece muy chiquito comparado con el mar, o el
marco parece muy chiquito acodado en el bar.
Acodado yo, mirando el barco en el marco. Y mirando el mar.
La voz en el teléfono suena latosa, dice Hola, estamos en el
aire.
Y es cierto, estamos ahí, como flotando, en el aire.
La tos en el semáforo suena rasposa, suena como que me falta
el aire y digo al teléfono Chau.
Y es cierto, estamos lejos, y estamos despidiéndonos, acá,
tan lejos.
No puedo creer que haya tanto viento, es muy fácil caminar,
soy como un velero. Suenan las campanas aunque no es la hora en punto, no son
pesadas para él, no son de plomo para el viento. Él es denso a su manera.
No puedo creer que digas que te miento, es mentira tu penar,
y ahi salis corriendo. Sus pasos rápidos hacen eco en las paredes de las casas,
no voy a correr tras él, todavía no pude recuperar el aliento. El suspenso me
supera.
Alguien canta una canción desde el único balcón con la luz
encendida. Veo la luz en un charco entre los adoquines, el reflejo del agua
chispea con cada gota, la canción se va rápido con la corriente, mis oídos son
los adoquines que abren el agua en dos.
Nadie canta una canción desde que nuestro pequeño halcón
voló con viento en contra a la deriva. Busca la luz de un barco con rayos
bailarines, el misterio del agua chispea con cada gota, el halcón vuela rápido
hacia el mar caliente, sus oídos son adoquines que abren el agua en dos (sus
latidos son arlequines que gritan a viva voz).
El cantante es una especie de versátil volador que se
esconde en sus piyamas y sus medias altas son los techos. Si te hubiera
perseguido sabría que ahora estás encontrando la luz del faro, y el aire
respira por vos, ya no podés más.
El navegante es una especie de volátil versador en donde sus
palabras y sus tragedias santas lo han hecho. Si se hubiera extinguido sabría
que no hay que ir hacia la luz del faro, que el aire te dice adiós, que no hay
nada más.
Entonces el bar está repleto y no hay ecos en el humito
celeste, afuera debe llover a mares porque de repente tu pelo una gota. Mojarse
siempre es naufragar y secarse son solo los restos.
Entonces jugar es mi amuleto y hay restos de mi halconcito
terrestre, afuera deben gruñir los zares porque de repente tu pelo me moja. Encontrarse
siempre es naufragar y odiarse es solo un momento.
4 comentarios:
you had me at barco
qué nido, aguas. festejos hallados.
"mojarse siempre es naufragar y secarse son sólo los restos" qué bueno que está este texto! cuántas orillas, cuántos abismos...
gracias por abrirme la puerta.
seguiré navegando estas aguas...
(guarda con la tierra: se moja antes que la lluvia). un beso!
andrés-
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