domingo, 15 de abril de 2007

Mujer con violoncello (o No es lo mismo un tipo sentado tomándose un whisky antes de irse a su casa que…)

Sentado con whisky cigarros y jazz. Sentado sintiéndolo tanto… por como se dieron los hechos, fuera de todo deseo propio. Fuera de todo posible control. Ay el control, aquella palabra, aquel contenido. Su cuerpo anestesia que ya no quiere nada mas, sentencia un dolor abrupto y descomunal. Él, qué triste, de solo mirarlo me brotan las lágrimas, qué triste, así tan quieto e inerte, elegante frente a su copa, sus ojos reafirman que ya no quiere más. Hay una mujer en todo esto, pero ella no es la causa; el tono trágico con que sus ojos lo ven todo ya no tiene vuelta atrás. Nieva adentro de las pupilas, no nieva de verdad, pero a esta vida ya solo le caben metáforas, lo siento. Se desdibuja sin explicarse, se va desvaneciendo aunque está ahí, firme, sentado, con su whisky cigarros y ya no quiere mas.
Que contrariedad este hombre, estar perdido en su propia vida. No puedo dejar de mirar sus ojos, desde mi mesa del rincón oscuro, y veo cosas que no puedo contar. Danzando la danza de la quietud plena, al ritmo de alguna trompeta llorona. Yo y él. Él y él. Lo pienso “él” y no le cabe, es un hombre allá, de traje, elegante, y yo que lo pienso “Él”.
Todo puede ser la soledad, y todo puede no serlo. Desprendí el pensamiento de las palabras y en un segundo me convertí en ese hombre. Tomé así un trago de whisky introspectivo, como el humo del cigarro, todo dentro nuestro; o yo era el humo. Inspirado y nunca liberado. Yo era el whisky, el humo y la música amarga que se le quedó enredada en el nudo del pecho. No lo soportó. Se levantó y se fue, y yo me quedé flotando en su último aliento, descansando en el cenicero sucio, con su nudo borgoña en mi pelo y su pecho pegado en mis dedos, reverberando un acorde apagado y una séptima menor en el solaz de mi nuca.
Así tomé mi bolso y subiendo en un soplo al pequeño escenario me mudé al violoncello para quedar girando en el abrazo sofocado del músico de turno.

3 comentarios:

Mateo dijo...

Que triste. Pasó de verdad esto? Aprovecho que este me gustó para decirte que el del maestro no sin quedar como un nazi. No es que esté a favor de que la policia mate a los maestros, pero me parece que ser maestro no le agrega ningun valor a una persona. Muchas de los hijos de puta más nefastos con los que me crucé, fueron mis profes en el cole. Basta de santificar a los docentes. Algunos son personas hermosas, llenas de vocación y amor por la educación, otros son frustrados que se desquitan con sus alumnos. En fin, a los maestros no se les pega porque son personas, no porque sean maestros.

quelindalluvia dijo...

totalmente de acuerdo, pero hay algo en el ufa de todo el texto que me lo hace parecer correcto.

(sin ir mas lejos mi hermana es maestra y a veces le vendría bien una buena tunda. es un hecho.)

ariela dijo...

Un querido y viejo homónimo que comete la simpatía de ser mi antónimo en todo cuanto a color de piel se refiere, comentó ayer a mí su siguiente reflexión: “la vida es así ¿no? A veces bien, a veces mal, a veces mmm”. Todo esto carecería de importancia si olvidara contar la actividad que, confesó, llevaba a cabo esos días que entre mal y mmm: abre las ventanitas vacías de msn y presiona repetidas veces sobre la tecla borrar. Como no hay nada que borrar, el programa se resiente, y le responde con un ruido. Con la repetición de ese ruido él ejecuta la monotonal música del aburrimiento.
Aburrimiento, soledad, música, aparentemente una cosntante.
Love, honey and Pie.
Chota