Apagá la luz en los espejos querida, total es que los reflejos son una inmundicia incierta, ya no sé que creer. Mirá en la habitación contigua, las ventanas soplan su propio viento y nadie se marea, en cambio acá. La nausea y el polvo de tu padre muerto que sigue en el piso, ya no se puede andar sin pantuflas. Esa sensación horrenda de arenilla en los pies. Está en la puerta. Es un montículo de polvo que no me deja salir. Y para qué quiero de todas maneras salir querida, si escapaste presidida por el Ingeniero a zonas más reservadas. Escapaste al jardín a podar todo lo eléctrico que crecía ahí y después ya no volviste.
Las moscas que no dejan de llegar, no te trajeron de vuelta pero vienen, solas, a posarse en la espuma negra de mi sangre sucia.
Cuando se mata se es doblemente ruinoso. Una actividad de riesgo, el mayor equivalente de cualquier alianza. Pero claro, ella y su interés financiero por un número que no perdiera el calor. Traducías el boicot en fosforescencia quieta. El único misterio beneficiaba a la refinería adelantada de nuestros vecinos. Creo que ellos lo sabían todo, por eso yo me peinaba agachado en el tocador que se enfrentaba con su ventana. Mis mejillas querida mía, estaban rosas: el color bueno, la primera consecuencia visible del dolor o la culpa.
Ahora que soy solo, los vecinos me acechan, miran largamente mis cejas, el calibre de mi frente y mis lunares, que son como petróleo libre, como un dique muy extraño. Matar y huir, mejor olvidar. Ahora las moscas me dan la espalda.
5 comentarios:
Las moscas le dan la espalda! Las moscas le dan la espalda!
ah good ending is the key!
god`s ending!
Qué bueno! Qué bueno! Qué bueno! ¡¡¡
"Escapaste al jardín a podar todo lo eléctrico que crecía ahí"
Me encanta.
gracias a las señoritas.
gracias al Señor.
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