Si pudiera escribirte una carta, tío, se me iría la vida. Tengo un impulso ciego de echarme en el piso con todo el papel que consiga y lápices y sacapuntas y empezar a escribirte Querido tío si pudiera contarte de alguna manera todo lo que me pasó... sin caer en explicaciones absurdas o comentarios triviales. Es una pena, pero no hay nada banal en lo que tengo que decirte, es contradictorio: todo es importante pero no tiene fin. Uno creía que la verdad era una sola frase simple, que había estado parada de espaldas tanto tiempo, y ahora se revela mostrando su cara masculina. Pero no, no puedo callar éste deseo de enterarte, porque sé que una vez en el piso, ya nunca me voy a poder levantar. Los lápices se irían consumiendo, las hojas se acabarían, yo envejecería sin siquiera vivir, sin darme cuenta. Es que no podría ni empezar, porque mi invocación es infinita así para el final como para el comienzo (no hay posible). Ya sabemos, tío, todo anula todo. Es como si te quisiera escribir una carta pero no tuviera manos. Me río ¿eh? no te creas, me sigo riendo pero sólo para ésto: para decirte que me río. Antes de la crecida de la marea, por decirle de algún modo a la letanía de momentos que nos tocaron en suerte (mi madre diría en desgracia, pero yo no) me reía en las cenas. Esperaba a la noche para reirme en las cenas, el resto del día mi cara era una sábana sucia. No quise decir eso (prometí no volver a hablar de sábanas).
Querido tío, si pudiera contarte de alguna manera todo lo que me pasó desde el día maldito que pusiste tus valijas en ese barco sin decirme chau. No te culpo, mi madre dice que cuando pase el tiempo voy a entender todo como una buena decisión. El tiempo ya pasó, o eso me parece. Soy vieja tío, o más que nada no tengo edad. No te culpo, pero si yo fuera una obra de arte (y lo soy) hecha para ser contemplada por una sola persona (que sos vos) ahora sería simplemente un objeto obsoleto, innombrable, opaco (y lo soy).
Es extraño, pero no me acuerdo qué edad tengo. La última señal que retengo es cuando tuve 24, después se me confunde todo un poco. Si eso coincide con tu partida, no lo se, pero por lo poco que entiendo de las cosas, debe ser que sí.
Cuando abandoné la casa de San Blas intentaron rastrearme creo, pero como única huella dejé mi pelo, y me llevé una cabeza calva. Con el tiempo dejaron de buscarme. Imagino te llegarán todavía cartas desesperadas de mi madre hablándote de los buenos tiempos cuando yo estaba, y pidiéndonte aún que no vuelvas.
¿No es claro, tío querido, que la única forma de que yo vuelva es de tu brazo? Qué tonta es. Ya pasaron tantos años, o no...
Ayer murió la única persona que sabía mi nombre, por eso decidí escribirte. Pero finalmente no lo hice, porque no sabría qué decir. Un día te encontré, y huí.
Fuí a tus trajes blancos la mancha de sangre, a tus tardes navegando la niña ahogada, a tu elocuencia la torpeza, a tu música la mía. Acepto perder la religión, pero mis manos son tan chicas. Rezarte tío para mi fue tocarte, adorabas mis manos pensé, nada fue excesivo.
Había escuchado absolutamente todos los minutos que pasaste en tu vida ensayando el oboe. Desde que era un bebé te escuchaba, tengo recuerdos de estar adentro de mi madre escuchándote tocar y pensando que si el mundo era eso, entonces si. Mi madre siempre dijo, que nací antes para ir a tus brazos. No la culpo, si ella no hubiera insistido con esa clase de bromas, todo en mi hubiera sido igual. Pude ser joven, pero el perfume de tu cuello cuando salías de viaje me hacía llorar de. No hay una palabra para eso, llorar de. Casi que es dolor, casi que es amor, casi adoración, casi no puedo respirar. Entre la multitud de un lugar extraño me conformé con verte.
Tus camisas.
Acá me detengo, el país que me rodea ahora es tropical, nunca es de noche. Acabo de decidir que la mano que me queda ya no me sirve. Ya no te voy a escribir ni una carta más, pierdo el tiempo sufriendo, entonces soy feliz. Creo que te grité como si me raptaran, pero mi voz no llegaba, soy el eslabón perdido de la mujer que es tu esposa, el borrador descartado. La sangre es injusta, sale de mi mano y la quería ver, corriendo como hilo (eso es lo que llaman lazo sanguíneo). Primero no estaba y ahora está (eso es lo que llaman tiempo). Las edades y la sangre, un río rojo perdido en el saqueo. Ridículo, tío. Era yo. No me ves. Siempre era yo.
5 comentarios:
"En lo más recaido hay siempre algo que pugna por rehabilitarse"
http://www.youtube.com/watch?v=PMWonO8jsdU
hermoso.
...con un biscochito.
me encantó ésto! genial
esperé para leerlo
pero no importó
porque el tiempo se siente menos que tu genialidad
felicitas
gracias amiga.
y hola danitrabuchi! acabo de descubrir que vos eras vos. voy a mirar tu blog que tiene mil cosas (no se por qué digo esto acá que nadie nunca lo va a ver)
hola hola hola.
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