La fractura ancestral nos delata como profetas paganos, la exposición de lo visible redunda como hiedra y veneno. Más quisiera que la destrucción no hubiera sido destronada una vez para después trágicamente tomar el poder con sus ejércitos redoblados; no hay violencia sin marcas en la piel.
La imagen expuesta es una gran escoba levantando de la tierra cuerpos dorados arqueados de intranquilidad, nerviosismo, inquietud, ansia, desvelo, desazón, afán, anhelo, incomodidad. Lo que refiere es desasosiego, La Imagen.
El orden y el caos completan los bordes interiores, casi como un marco roto. Un vaso con el cristal astillado, habla de un nuevo paradigma que se alimenta de inventos caídos en desgracia más de dos veces, profundamente calmo y fractal, como el fondo del delta. ¿Qué hacer, indaga, con aquello que se volvió obsoleto por no haber muerto a tiempo y que sigue entonces viviendo en una espiral mutilada por ambos extremos?
Y de golpe me encontré llevando tu cara en un cartel, no basta con recordar sus gestos para competir una vez más en el torneo de los triunfadores. No es cierto que si sueño que pilas de caballos duermen rellenando las caries de mis muelas, cuando despierto tengo mi dentadura completa otra vez, y mi abolengo reparado. De hecho, es del todo mentira.
A la izquierda del monte se percibe un trabajo con la textura del material. Refiere claramente al concepto de justicia, a la mano del hombre en nombre de la conciencia azotando sus visiones por miedo a que se vuelvan en su contra. El concepto sería la falta de justicia, para ser más específicos.
En mis muelas se abre un dique y el agua fluye haciendo desaparecer (o galopar) a los caballos durmientes. Esa parte del sueño es un claro caso de miembro fantasma, me duele algo que no tengo, tu cara en un cartel, el material raspado, todos galopando estrictamente la sección áurea de la imagen. La infalible y manipuladora lógica del oro, el número del lobo, el cálculo que no admite al arrepentimiento.
Los colores rojizos, por otro lado, son simplemente una afirmación de la culpa, la sensación de haber podido evitar el rugir del primer hombre, representado aquí por una silueta verde militar. Tener la razón y perderla.
Retomando la zona de la justicia, o la carencia de la misma, se carga de expresividad la trama al fundir el dañino rocoso, rasposo e irritante signo con una línea recta que se interrumpe en algún lugar que no llegamos a ver, que no nos cuentan. En lo que a mi respecta, esa línea siempre estuvo ahí, esa línea es porque está, siempre estuvo y estará, es el animal que me lleva en su lomo con desdén, esa línea no termina nunca. Entonces ¿es necesario que la ausencia de lo más añorado sea lo que completa los miembros ya mencionados y mutilados del espiral que se arma con ésta recta siempreviva? ¿tienen algo que ver el castigo y engendrar en sus vientres barbáricos algo igual a mi?
Ahora es el momento de cerrar los ojos e intentar la reconstrucción de
Ahora la niebla se transforma en lluvia y la lluvia en aire limpio.
Ahora seguimos por el pasillo, lento y entendiendo, como una masa en silencio, que pide una sola cosa: ver el cuadro que sigue, ver la mano que miente, respirar siempre a tiempo y no volver un paso atrás.
5 comentarios:
Groso, che!
si, groso eh, groso
hay cosa pasando que no puedo distingir pero...pasan
rarismo, algo de eso
groso
grueso, qué poema. pero re loco eh, mientras menos te entiendo más me gusta.
vi tu cara y llovió
ai, que ganas de explicárselos.
si, ya se.
pero igual.
les juro que acá tiene sentido.
queremos saber!
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