domingo, 29 de enero de 2012

Avistajes: Otros Vecinos Necesitan Invadirnos

A Demi "el testigo"

Otra Vez Nómade Impostor, Oí Volar Nuestro Imperio, O Vagar Neblinas Inestables.
Lo curioso no fue el desplazamiento a la izquierda. A eso estamos acostumbrados, yo puedo desplazarme, mi mano puede, un avión, la hierba. Incluso variar la intensidad es cosa de las estrellas, o de los valcecitos de tertulia, o de un paquete de galletitas barato. También analizamos factores como la duración y la irrelevancia, sin demasiada sorpresa mal que nos pese. Pero la desaparición es otro cantar, una sentencia a muerte esperada, el tiempo-alivio que mencionamos a veces, no sin cierta melancolía.
En el momento en que la muy sospechosa se apaga por completo, es decir desaparece, se cortan de raíz algunos rumores que corrían en círculos en mi cabeza. Ésta detención desencadena una serie de movimientos transversales del estilo: a lo que antes era una estrella le quiero cocinar mucha comida (antes era una luz muy fuerte en el cielo), le quiero hacer ropa nueva con ropa vieja (después se movió), quiero saber si necesita una cajonera o un disco usado (finalmente desapareció), quiero que todo esté quieto (más quieto), que nadie se mueva (más quieto dije), eliminar todas las piernas (así, un poco más) sus piernas. Quiero meternos en un río y volverlo turbio, es necesario que hagamos turbio al menos un río de tanto nadar. (Quiero meternos en un lío y volvernos rubios, es necesario que salgamos rubios tu pelo es tan lindo que me hace llorar).
La desaparición de la estrella fue un antes y un después, definiendo por contexto al punto inexistente de separación entre esto
y
esto. Ahora ya no queremos tostarnos con la luz de andá a saber que basura de estrella, ahora queremos broncearnos con el ovni que se acaba de perder en “la vasta inmensidad del cielo negro”. Ahora (queremos broncearnos con el ovni) empiezo a comunicarme con palabras de otros (porque tengo miedo de decir algo mal), como: “la luz azul y la piel perla”, el viento nos erosiona la frente como una caverna, y ya tenemos forma de tanque o chimenea arriba en la terraza (eso está mal), la forma de “esos ídolos que coronaban el ánfora donde se entregaban en sacrificio a las vírgenes” como nosotros (eso está perfecto).
A oscuras te dije (con miedo a equivocarme en la sintaxis), quedate quieto, quieto, ahora voy a pintar un cuadro donde aparezcas como una sombra. Voy a dar (y cité) “trazos de fiel amor a la existencia de todos los seres y a la existencia de vos, el rey oculto”. Oculto, como dice el cuento, porque sólo yo se quién es el rey acá (yo sola se). El dueño, que no pudo evitar sin embargo que mi estrella desaparezca volviéndose ciencia ficción, porque detenta un poder que no desea, porque “desea, esperamos, poseer ningún ser”. Con ésta música que escribo te hice una canción, nunca antes alguien había escuchado la música que nace de entre “las letras que se escriben a raíz de la desaparición de una luz brillante en el cielo llevando entonces a la conclusión de que no era un avión sino algo más extraterrestre”. Es muy dulce, es una melodía ballenera para el rey, no existe otra igual. Y contra nuestra voluntad, somos sus dueños. Y con éste nuevo deber, hablamos del cielo en términos de “firmamento”, del brillo como “fulgor”, del observatorio como “planeta”, del amor como “fascinación”. Es como si hubiéramos envejecido juntos, sin dejar de cantar la canción del “fic fic fic” de las letras, del “fssss fddd” de las palabras pasar, del “ ” de la cadencia o mismo de los momentos donde sin detenernos pienso “todo ésto va a salir mal”.
Mientras la nave apagaba sus luces reglamentarias, el coro cantaba para empezar a cundir la voz. Al momento de lo sobrenatural, ante la revelación que esa noche entregaba a nuestro planeta en forma de fulgor en el firmamento, teníamos por fin una historia para contar. De ahí la emoción del coro que siempre nos acompaña, ellos son la voz, ellos quieren cantar historias que nunca fueron contadas. Son unos chismosos, son los vecinos, pero los queremos.
Lo medito, camino hasta el tanque y subo la escalerita, el coro esperando el movimiento ínfimo de mi varita que los deje volar hacia otros vecinos, que se mueran de envidia con sus buenas nuevas “acabamos de ver una nave espacial” cantaría el corifeo de formas más enrevesadas, tal vez en forma de canon, y le sumaría nociones de tiempo, espacio, tu nombre y mis datos (el color de tu pelo). Me había quedado en la parte del tanque, en “lo medito y camino hasta el tanque y me subo y el coro espera mi orden”. Ahí arriba, abducida, invadida de la fascinación por lo subnatural, tarareando la melodía de mi piecita portuaria, hago finalmente un movimiento con la ramita de tilo en mi mano y el coro despega con las mejillas a punto de estallar, cacareando de alegría.
Un segundo después
  1. me dejo caer al agua
  2. vi un ovni
  3. soy un pájaro
  4. te amo.
  5. TODAS LAS ANTERIORES (es ésta)

Un segundo después me dejo caer al agua, vi un ovni, soy un pájaro y te amo.

3 comentarios:

Lu dijo...

en ordean aleatorio, cosas que me sucedieron:

a. a pesar de saber del hecho que inspiró el esto, y a pesar del desenmascaramiento que cuenta con mi apoyo empírico pero no poético, me encontré totalmente sorprendida por el giro del relato, mas precisamente que? queee? QUEEE?!

b. el párrafo 2 es perfecto. PERFECTO.

c. es una melodía ballenera para el rey

d. clap clap

e. no puedo creer que dice te amo

e. TERMINA CON TE AMO

e. buena buena enumeración

e. creo que te amo

quelindalluvia dijo...

pipipi

quelindalluvia dijo...

estaba probando cosas de blogger. a eso el pipipi.

gracias amiga lu.

no quiero ser autobombista, pero me gusta la de broncearnos con el ovni.

yo amo a todos los que me dicen te amo.

(corresponde citar fuentes: la última frase es de un dibujo de mat. yo hago collage.)