sábado, 2 de julio de 2016
Carl Sagan
lunes, 17 de noviembre de 2014
El sutil andamio de unos ojos
domingo, 8 de junio de 2014
La última partida
Me acerqué al living-room chapoteando, a la chimenea, para secar mi ropa con las brasas débiles del fogón (y los restos de libros quemados de la noche anterior). A pesar de mi presencia, bastante rotunda y líquida, la familia fingió no verme. Nadie dijo nada, ni ellos ni yo. Agregaron otra ronda de terrones a sus tés y, sin dejar de ignorarme, siguieron con su estúpido juego. El juego de la caja consistía en lo siguiente, yo lo conocía muy bien: hay dos equipos, los buenos y los malos, cada uno tiene que intentar destruir al otro con distintos medios de ataque y defensa para tener el Poder. Cuando uno de los buenos gana, asciende a Dios, cuando uno de los malos gana, asciende a Demonio. Cuanto más dios seas más demonios de tu linaje eliminás, y viceversa. En la caja se ponen las fichas blancas, en la mesa las demás. Desde mi lugar junto al fuego, desde la perspectiva del hogar, con el agua matinal en los tobillos y el humo subiendo por la bóveda del techo, las fichas sobre la mesa ratona parecían flotar. Vi magia, me confundí, quise tocarlas y la familia entera me detuvo, me lincharon, me torcieron los brazos mientras me explicaban las reglas del juego otra vez, me rasguñaron la cara recordándome que las fichas no se mueven con las manos, me consolaron en sus hombros cuando lloré de dolor, hablamos de monogamia, fuimos felices juntos, pero ya no. Hace 10 años que no.
Ayer se rumoreaba en el pueblo que la familia hoy daría su conferencia final y sin embargo llego acá, y están en el medio de una partida, nadie secó los pisos, nadie encendió el fuego, nadie volvió a enterrar al canario, nadie ocultó las cenizas de las obras rebeldes de Uderzo y Goscinny; nadie estaba a punto de dar una conferencia. Los vestigios de los ritos de anteanoche estaban intactos. Yo hice estos ritos por años, desde la noche de mi nacimiento, cuando en el juego de la caja venció el mal y el caminante del cielo bajó para condenarnos a no poder ascender nunca más, al piso superior de la casa. Mi nombre fue Lucas pero lo cambié por Pablo, la noche del hechizo mi familia me informó con un himno que al llegar el ritual número 27 ganaría el bien y el primer piso de la casa podría ser habitado una vez más. Desde entonces viven todos atrapados en la planta baja, yo me fui, 10 años atrás. Era imposible vivir asi, todos durmiendo en los sillones, en la alfombra árabe, todos en la cocina, todo el tiempo, tomando el té.
Al igual que los últimos 10 años, esta vez tampoco asistí al ritual, pero el juego todavía no terminó. Mi tío me tiene inmovilizado con la cara hundida en la alfombra mojada por haber intentado tocar las fichas. Ya jugó mi madre, ya jugó mi padre y ya jugó mi hermana, ahora es su turno “Tío es su turno”, le dice mi hermana. “Arturo es tu turno”, le dice mamá. “Sacame una foto pisando al pibe”, pide mi tío. “Se rumorea en el pueblo que hoy darán su conferencia final.”, grité desde la diminuta rótula de mi tío Arturo.
Mi hermana y mi padre me sacaron 2 polaroids y mamá respondió “El juego todavía no terminó”. “Ahora hay que esperar, en la oscuridad, a que la imagen emerja sola del papel” pensó papá.
Mi habitación estaba en el primer piso, para poder irme (irme del pueblo, irme, para siempre) tenía que llevarme lo que era mío. No podía esperar al final de la partida, no podía entretenerme con la naturaleza muerta como lo hacía en mi infancia, no podía desenterrar al conejo para enterrar el canario, cada cosa tiene su lugar. Pero la familia ya no estaba respetando nada. Y esta no era solo mi familia, esta era la familia del pueblo entero, la nación de todos, la única casa de dos pisos del lugar, el portador del apellido, los que organizan las cenas, los que dicen si triunfa el bien o el mal.
Los tiempos de gloria pasaron, el pueblo (los primos) dice que la familia enloqueció, que a la casa se le caen los frisos y nadie los quiere cuidar. Pero yo tengo la llave de mi habitación y la fuerza del primogénito. Sin que me vean emerjo como un Moisés impoluto de entre un charco de agua estancada para subir el primer escalón, ninguno de ellos se da cuenta, de tan concentrados que están, y tan desquiciados, y tan decaídos, y tan delicados. La bóveda del techo retumba y se abre, ganaron los malos, por la escalera asciendo a demonio, tengo 27 años, y no regreso al pueblo nunca más. Así me fui.
El siguiente año será el turno de mi mujer, mi prima y esposa, que entrará a la casa inundada con sus finos zoquetes negros navegando entre los pantanos, y el suelo se abrirá y ganará el bien. Pero yo ya no voy a estar para verlo.
viernes, 17 de enero de 2014
María Eugenia
lunes, 9 de septiembre de 2013
Brillar, la muerte o el golpe letal
Tratar de convencerse de todo eso y no lograrlo,
domingo, 12 de agosto de 2012
Do i have a minute?
- Think nothing is worthy
- Believe everything you do is
extremely important given the little time you have on game
- Tired in the brain
- Creep you out to death producing a sort of Catch 22 but less logical
- Feel relieved
viernes, 20 de julio de 2012
Extraño
sábado, 2 de junio de 2012
Autorretrato falso en siete espejos fallados
lunes, 7 de mayo de 2012
Estoy enamorado de Cádiz
sábado, 17 de marzo de 2012
El reemplazo de H.F.
Kinsey Morgan - Odio a esa actriz que en la escena del follaje en el carro pone como los ojos en blanco y arruga las cejas. No puede convertir un momento sublime en una burla del dolor con tanta incompetencia.
Val Nazarián - Es un posible análisis...
Kinsey Morgan - Quiero que la saquemos, la quiero fuera de la obra.
Val Nazarián - No la podemos sacar, es un personaje central.
Kinsey Morgan - Buscamos un reemplazo. Detesto que use sus brazos como si fueran escobas en vez de darle el rango de alas que se merecen. El cuerpo es un instrumento musical, es sagrado. Ella lo transforma de manera banal en un instrumento de tortura.
Val Nazarián - Es cierto que lo transforma de manera banal.
Kinsey Morgan - Claro que es cierto. Hay que ver como se arquea para que su voz nos rompa los tímpanos antes de poder escuchar lo sublime del texto. Esa mujer destruye el signo, es el demonio.
Val Nazarián - (asiente) Antes de poder escuchar lo sublime.
Kinsey Morgan - Quiero un reemplazo.
Val Nazarián - De acuerdo.
Kinsey Morgan - Para la función de pasado mañana.
Val Nazarián - Me parece que no.
Kinsey Morgan - Que si.
Val Nazarián - Que no.
Kinsey Morgan - Que si. ¿Qué? Me querés decir que tenemos que soportar, nosotros y la audiencia, una sesión más de maltratos por parte de ese hécubo
Val Nazarián - Súcubo
Kinsey Morgan - súcubo coqueto deslizando su pelo coqueto por los hombros morenos de Sandoval. De ningún modo, ese reemplazo tendrá que ser conseguido en el transcurso del día de hoy, a más tardar mañana Fin de la conversación.
Val Nazarián - ¿Alguien que ya conozca el texto?
Kinsey Morgan - Por ejemplo.
Val Nazarián - Y que sepa las marcaciones.
Kinsey Morgan - Sería ideal.
Val Nazarián - ¿Margarita?
Kinsey Morgan - Margarita no podría actuar su camino fuera de una bolsa de papel.
Val Nazarián - ¿Actuar un camino de una bolsa?
Kinsey Morgan - Digo, Margarita es un cariño, pero no actuaría ni aunque le ates hilos en las comisuras.
Val Nazarián - Ni aunque de ello dependiera su vida.
Kinsey Morgan - Ni aunque le hiciéramos creer que su marido realmente murió.
Val Nazarián - Ni aunque le confesara lo inconfesable, Kinsey.
Kinsey Morgan - Ni aunque Shakespeare mismo volviera de la muerte todo muerto a escribir una línea sólo para ella.
Val Nazarián - Buen, entonces ¿Niní?
Kinsey Morgan - Basta Val.
Val Nazarián - ...
Kinsey Morgan - Basta Val, para decir idioteces está tu hermano.
Val Nazarián - :::
Kinsey Morgan - Podría hacerlo yo. (Zapatea un poco de tap, muy chiquitamente.)
Val Nazarián - Usted es un hombre. Un señor.
Kinsey Morgan - Lo se, gracias.
Val Nazarián - Y ella es una mujer.
Kinsey Morgan - Lamentablemente.
Val Nazarián - Digo, ella es diferente que un hombre. Es una mujer.
Kinsey Morgan - Y debería estar avergonzada.
Val Nazarián - ¿Y cree que eso no sería un problema, a nivel puesta en escena?
Kinsey Morgan - Vamos a estar todos tan aliviados de ver a alguien de nivel actuando al lado de Sandoval que no vamos a reparar en detalles. Por lo demás, desconocés Valery notablemente mi capacidad actoral para metamorfosearme en cualquier personaje que decida encarnar. Soy un dotado de la actuación. Me hice director porque era demasiado bueno actuando y me aburría. Quería tener desafíos, y decime si ésto no es un desafío: en mis manos está, el deshacernos de esa actriz.
Val Nazarián - Metamorfosearse en cualquier personaje que decida.
Kinsey Morgan - Cualquiera.
Val Nazarián - Bien, supongo que tendré que informar de la decisión a las respectivas áreas del teatro.
Kinsey Morgan - A Sandoval no, dejame a mi.
Val Nazarián - No.
Kinsey Morgan - Si.
Val Nazarián - No, a Sandoval le digo yo.
Kinsey Morgan - Mal, no no no ¡y no! ¿qué pasa? Soy el director ¿no puedo hablar con mis actores?
Val Nazarián - Ese actor no es suyo, ni lo va a ser.
Kinsey Morgan - No soporto la falta de respeto, me indigna. Al final Val sos igual que la tipa esa. Me da escalofríos pensar como mueve sus labios cuando inspira bocanadas de los labios de...
Val Nazarián - Renuncio.
Kinsey Morgan - Valery haceme el favor.
Val Nazarián - Me llama la atención su capacidad para triunfar por sobre el hecho de ser un hombre horrible.
Kinsey Morgan - No soy horrible, estoy enamorado.
Val Nazarián - No es cierto. Usted es horrible y no sabe lo que es el amor.
Kinsey Morgan - Usted es horrible y no sabe lo que es el amor.
Val Nazarián - No, usted.
Kinsey Morgan - No, la chica.
Val Nazarián - Deje tranquila a la chica.
Kinsey Morgan - Moncho Sandoval es mío, y si tiene que ser por encima de tu cadáver laboral, que así sea.
Val Nazarián - Yo lo amo.
Kinsey Morgan - Eso es patético.
Val Nazarián - Quiero representar ahora mismo la escena de mi deceso.
Kinsey Morgan - ¿Laboral?
Val Nazarián - No, primero espiritual y por último físico.
Kinsey Morgan - No se como ayudarte Val, pero Sandoval es mi actor, y por ende voy a hacer con él lo que necesite y crea mejor.
Val Nazarián - No entiende, yo lo amo a usted.
Kinsey Morgan - Pero hace solo unos momentos me estabas diciendo que era un hombre horrible y que no sabía lo que era el amor.
Val Nazarián - Aún así. Estoy enamorado de usted. La actriz soy yo, siempre fui yo.
Kinsey Morgan - Pero vos sos un hombre, Val.
Val Nazarián - Lo se.
Kinsey Morgan - Y ella, lamentablemente, es una mujer.
Val Nazarián - ¿Por qué cree que soy asistente de director?
Kinsey Morgan - ¿Porque era demasiado bueno en la actuación?
Val Nazarián - No, porque lo amo.
Kinsey Morgan - Cierto.
Val Nazarián - Pero también me hice pasar por la actriz que conquistaría definitivamente el corazón de Moncho Sandoval para que usted lo olvide de una vez por todas.
Kinsey Morgan - La actriz que conquistaría definitivamente el corazón.
Val Nazarián - Exacto.
Kinsey Morgan - ¿De qué te reís, Valery?
Val Nazarián - ...
Kinsey Morgan - Val, ¿por qué te reís como un loco? ¿No deberías estar llorando? ¿No era ésta acaso la escena de tu deceso?
Val Nazarián - ¿Y usted de qué se ríe? ¿No cree que la situación ha llegado a un nivel tal de tremendismo que no hay lugar para las expresiones de alegría?
Kinsey Morgan - Si pudiera detenerme lo haría. Te digo Val que la situación no me gusta nada. Detenete vos por favor, tu risa es demasiado contagiosa.
Val Nazarián - Si pudiera detenerme lo haría, pero esta risa es más fuerte que yo. Casi le gana a mi decisión de terminar con mi vida.
Kinsey Morgan - ¿No le gana?
Val Nazarián - No, de ningún modo.
Kinsey Morgan - ¿Te podría pedir un último favor, mi querido Val?
Val Nazarián - Claro que si, de todas maneras usted es el director del melodrama de mi vida, señor Morgan.
Kinsey Morgan - Me siento halagado. Antes de quitarte la vida ¿podrías terminar con la vida de la actriz y dejarme su vestuario en mis camerinos?
Val Nazarián - Llevo el vestuario puesto en este mismo momento debajo de mi sobretodo. ¿Recuerda que le dije que la actriz soy yo?
Kinsey Morgan - Bien, mucho mejor. Me podés entregar el vestido ya mismo.
Ahora que dejamos de reirnos, quiero decirte que me da mucha pena verte morir.
Val Nazarián - Pero va a disfrutar de ver morir a la muchacha.
Kinsey Morgan - Eso es cierto. Sacate únicamente el sobretodo entonces, y te quedás con el vestido.
Val Nazarián - Dígale a Sandoval que me perdone por hacerlo amarme.
Kinsey Morgan - Se lo diré, y quedaré como un héroe.
Val Nazarián - Lo amo, señor Morgan.
Kinsey Morgan - Todos lo amamos, Sandoval es un gran artista.
Val Nazarián se infringe la muerte - .
Kinsey Morgan - Unas puntadas de la mágica mano de la costurera Niní y éste vestido se me verá pintado (se termina de poner el vestido) Extraño... huele a Val. (pausa) Bien Kinsey, ahora yo soy la actriz. No siento nada. ¡Esa zorra!