sábado, 21 de agosto de 2010

No hay banda

Terminan de tocar una canción.

PIANO

Horrible

BANDONEÓN

Si

PANDERETA

¿por qué seguís componiendo en inglés?

PIANO

No se, me sale así. Me parece que en otra vida fui Shakespeare.

BANDONEÓN

O Lou Reed.

PANDERETA

¿Quien?

PIANO

No se...

BANDONEÓN

No va a venir nadie a vernos.

PANDERETA

Yo invité a mi papá.

PIANO

Yo no invité a nadie.

BANDONEÓN

Yo como invitar, invitar.... no.

PANDERETA

Si viene solo mi papá tocamos igual.

PIANO

No.

BANDONEÓN

Yo por si acaso preparé una perfo.

PANDERETA

¿Como para que la entienda un señor de cincuenta y pico?

PIANO

Esta tecla no está sonando.

BANDONEÓN

¿Tu papá?

PANDERETA

Por ejemplo.

PIANO

A ver la perfo.

BANDONEÓN

¿Quieren que se las muestre?

PANDERETA

A ver...

PIANO

¿Cuánto dura? Tiene que ser cortito.

BANDONEÓN

Si, es cortito.

PANDERETA

También invité a Mauro.

PIANO

No... malísimo.

BANDONEÓN

(hace la perfo.)

PANDERETA

(por la perfo) Está bien...

PIANO

Timbre. No voy.

BANDONEÓN

Yo tampoco ¿les gustó?

PANDERETA

(por la perfo) Está bien.... ¿tengo que ir yo?

PIANO

Medio que si. (sale PANDERETA) Le falta como un conflicto... algún punto de giro ¿no? Algo....

BANDONEÓN

Es una perfo, no tienen conflicto las performance.

PANDERETA

(vuelve)

Está lleno de gente afuera. Hay una cola.

PIANO

Uff, que embole ¿cola? No sé si ese es el tipo de espectáculo que quiero dar...

BANDONEÓN

No estamos listos para ésto. Se nos fue de las manos... tenemos pocos temas y son todos en inglés. Nadie va a entender nada...

PANDERETA

Lo hubieran pensado antes.

PIANO

¿Está Mauro?

BANDONEÓN

¿Está tu papá?

PANDERETA

Si y no.

PIANO

(por Mauro) Ay...

BANDONEÓN

(por el papá) Ay...

PANDERETA

¿Les digo que pasen?

PIANO

¿Ellos dos solos o todos?

BANDONEÓN

Hay que cobrarles la entrada, no tenemos nadie que cobre la entrada...

PANDERETA

No decidimos tampoco cuánto cobrarla.

PIANO

¿Cincuenta?

BANDONEÓN

¿Quee?

PANDERETA

No está mal, después de todo ofrecemos un espectáculo de calidad en un idioma extranjero. ¿Podemos hacerle descuento a mi papá?

PIANO

Si le hacemos descuento a tu papá yo le dejo una entrada gratis a Mauro.

BANDONEÓN

No no, si empezamos así al final no le cobramos a nadie y yo quiero ser un artista serio.

PANDERETA

Pero hay como doscientas personas afuera, alguien va a tener que pagar.

PIANO

¡Esperen! Me olvide todas las canciones.

BANDONEÓN

¿No las tenemos anotadas?

PANDERETA

¡Yo las tengo!

PIANO

Pero éstas son las letras, lo que digo es que me olvidé como tocar el piano.

BANDONEÓN

Malísimo....

PANDERETA

Yo por suerte con la pandereta es más que nada hacer así... y por si acaso lo tengo acá anotado.

PIANO

¡Esperen! Creo que nunca supe tocar el piano.

BANDONEÓN

Es como esa peli de “no hay banda, nadie está en la banda”

PANDERETA

Necesito un espejo. (sale)

PIANO

¿alguien tiene un reloj? ¿o una tecla de luz?

BANDONEÓN

Ahí hay una.

PANDERETA

(entra mirándose en un espejo) Soy mi papá cuando era jóven.

PIANO

Pará boludo, es obvio ¿no?

BANDONEÓN

Si (pausa) ¿que hacemos?

PANDERETA

¿Qué? ¿¡que pasa?!

PIANO

Alguno de nosotros está soñando ésto, ésto no está pasando.

BANDONEÓN

¿y qué hacemos? Hay un montón de gente afuera, ahora no estoy seguro de saber tocar ésto tampoco...

PANDERETA

Momento, no entremos en pánico. Que el que esté soñando se despierte y nos saca de éste berenjenal en el que nos metimos.

PIANO

Dale (se pone una máscara y toca)

BANDONEÓN

Che, me parece que la gente ya entró ¿no son esos que están sentados ahí?

PANDERETA

Perdón papá. (se trepa lentamente en una escalera de carpintero)

PIANO

Honey, I found a reason to keep living

And you know the reason dear, it´s you

And I´ve walked down life´s lonely highways

Hand in hand with myself

And I realized how many paths have crossed between us

BANDONEÓN

(hace la perfo)

PANDERETA

(Se tira de la escalera y cuando está por caer...)

Apagón.

jueves, 19 de agosto de 2010

Egocéntrico cerebro patán bueno-para-nada

La imagen es esta: un cerebro, en la cabeza destapada de una persona.
Alguien da pequeños impulsos eléctricos por intervalos con un instrumento metálico chiquito, y la persona, con la orden de ir contando hasta diez, va uno dos tres cu(electri)aaa… eee aammm…(cidad) cuatro cinco seis siete(electri) dddddddd… … aaa…(cidad) ocho nueve…
Esta imagen se me repite, aparece de la nada, se queda ahí flotando, desaparece un tiempo y vuelve.
Puesta en abismo cerebral, el cerebro manda imágenes que lo aterran como órgano. Las repite, para protegerse, o para torturarse, o para ser recordado a con para por sin sobre tras si mismo.

domingo, 18 de julio de 2010

Dos ambientes con dependencia

Es mirar y morir. Mirar, ver que no estás y morir. Y cuando me muero puedo mirar con más tiempo, para darme cuenta que tu silla tampoco está ¿te la llevaste? ¿cuándo pasó? En realidad, y deteniéndome un poco más, el problema es que el piso que sostenía la silla no es el mismo que antes, es demasiado débil, es como de papel. La silla puede haberse caído a través de él, o se desintegró por falta de uso. La aspiración de un objeto a la nada es semejante a la espera interminable del perro con su dueño que nunca vuelve de trabajar. Sólo, inmóvil, mirando al único lugar que puede, quizás sea a la puerta pero. La puerta tampoco está en su lugar ¿ésta es nuestra casa? Veo mi bicicleta y mi paraguas en mi perchero, es mi casa pero la puerta no está. Ya nadie más va a salir de acá, en realidad. Lo que pasa es que nadie más va a entrar, sos el único que entra por la puerta de ésta casa y ya no solés hacerlo. Son las cuatro y cuarto de la mañana, cortinas y ventana desaparecieron, el reloj está intacto en la pared y el segundero desfila como una babosa en una pasarela de sal pero nunca muere. De algún lado entra viento con olor a humedad, decido hablarte. Arremeto contra el teléfono, levanto el tubo con delicadeza para evitar la desaparición. Hace horas que no te hablo, me estoy volviendo loca, marco el número y digo hola. Me contesta una voz profunda y filosa, no es la tuya, sospecho que es dios y cuelgo. Vuelvo a marcar y me recibe la misma voz, por las dudas le pregunto si estás por ahí, me dice que no, que habla Dios y que quiere ofrecerme un paquete en el que viene incluido él y un set de santos. Dudo, corto. Pienso que no quiero un dios, pienso que te quiero a vos, pero que en última instancia y ya sin opciones, ya sé que número marcar... el tuyo, extraño. ¿En qué creer si la silla que desapareció de tristeza y yo somos casi lo mismo? Pienso que la piedra que estoy empujando montaña arriba ya llegó a la cima y está rodando de nuevo cuesta abajo. Creo que, ésta vez, en lugar de ir a buscarla me voy a tirar yo también.

Mientras estoy paralizada al borde del precipicio, en la dimensión tangible voy a hacerme un te. El agua que hierve me sirve muy bien de compañía, hace un sonido agradable y también puede quemarme hasta la deformidad. Justo el nivel de incertidumbre que necesito para no volverme loca, justo lo contrario a Dios al otro lado de la línea. “Todos los hombres sanos han pensado en su propio suicidio”, baja la sangre al sótano del hombre que se colgó en planta baja. Todo lo posible puede pasar, pero no pasa.

Sábanas en el cajón de los cubiertos, me río pero no en la cara, se que fuiste vos. Pienso en mi propia desaparición y me doy cuenta de que si no estás es porque acá estás muerto. Y la decoración que desaparece se está yendo de a poco a tu santo sepulcro, como ofrendas al faraón de tus ciencias benditas. Mañana voy a quemar la casa, antes de que se queme sola. Estás muerto acá, y me alivia la idea de que estás vivo en otra parte, tal vez estés con esa mujer que te hace sufrir pero que tiene unas manos que te dan escalofríos, o con ella que te cuenta historias que te dejan extasiado, o con la que brilla en la oscuridad y encandila a todos, y te encandila a vos, y no querés estar lejos nunca de esa luz. No, no me alivia. Estás vivo con la reina y estás vivo acá también, todas mis sillas se mueren, el piso de papel cede. Intento llegar al teléfono pero me hundo en la nada. Caigo en el charco del sótano, la sangre no es mía, es del ahorcado. No me puedo mover, mi conciencia se me sale por la boca, me entran bichos vivos en los ojos y el promontorio sobre el que reposo se levanta y me hecha al mar. No hay puertas ni ventanas, que absurdo. Yo sólo quería que vuelvas, si voy a matar al demonio adentro mío tendrá que ser sobre mi cadáver.

lunes, 26 de abril de 2010

Pequeña alegría

Tecleo indiscriminado mientras suena Little Joy. ¿Cuál será la próxima obsesión? Oh Jesus, have some mercy.


Ésta noche es como estar adentro de una copa de vino. El cielo es transparente y, extrañamente curvo, llega hasta mis talones. Estoy gastando el tiempo.

Mañana es un lindo día, soleado y nos reimos. Pero ahora, ya no me parece gracioso. Ahora es creer o reventar, cargando con la culpa de ser una granada de mano. No estoy creyendo nada, el tiempo está siendo gastado, en pensar: salen minas de carbón, rutas asfaltadas, aljibes infinitos, coches fúnebres, paisajes espaciales sin estrellas, invasión de arañas gigantes. El truco está funcionando, pienso en cualquier cosa, pero la oscuridad se está arrastrando por mi brillante parquét. Arañas negras ocupan todo mientras me río de mañana. Mañana cuando estabamos viajando en un taxi y no entendíamos las calles, pero yo no veo que te estés riendo.

Estuve ganando unos buenos sueldos. El plan: gastarlos en buenas ideas, en un poco de dignidad. Me dijeron que la daban gratis en una esquina por Flores y fuí. Me dieron un poco, pero fue suficiente en ese momento. Fui feliz hasta que me di cuenta que no era original, era una imitación, una copia trucha. Se despintó y después se evaporó. Mañana pago por ella, busco la etiqueta, la marca de calidad. Esa es una buena idea.

Sale el interior de una lente Canon 18-200, se me están acabando las ideas entonces bailo. Apuesto al movimiento, me juego todo a las endorfinas. Bailo sin estilo mientras pienso en elegantes smokings, de una fila, de solapa pico, de cuello smoking, de solapa recta, cruzados. Pero si hay viento que se mueve pierdo el orgullo de bailarín de salón, dancing tuxedos get filled with you and the black turns every color, we dance until I loose my legs and fall, todo el viento me suena conocido. En el taxi había viento y yo me reía. No veo que te estés riendo de todas formas, la lámpara colgante en la calle se mueve haciendo un ruido raro.

Canto muy bien, además de bailar. Tengo tu vos, canto con tu vos.

“I´m a thief who´s just been caught”. Ya no puedo cantar, me suena conocido.

Mañana creo que ya nada tiene que ver con nada y no sé cuál es la risa verdadera.

Ya no me equivoco más.

Salvo que te quedes.

viernes, 16 de abril de 2010

auch

Contrajo su diafragma y sus músculos intercostales externos. Aumentando su volumen torácico provocó una presión intrapulmonar negativa que determinó el desplazamiento de aire desde el exterior hacia los pulmones. Una vez que la presión intrapulmonar igualó a la atmosférica, se detuvo.

“No”, “quiero” y “más” fueron el grupo de palabras que se proyectaron hacia abajo y hacia adelante recorriendo el lóbulo temporal de su cerebro, para después partir en forma ascendente escalando al lóbulo parietal en el hemisferio izquierdo.

Gracias a la fuerza elástica de su caja torácica, esta se retrajo, generando una presión positiva que superó sin más a la atmosférica y determinó la nefasta salida de aire desde los pulmones.

Sus cuerdas vocales sonaron y lo dicho quedó suspendido frente a su boca.

Mis músculos inspiratorios principales reaccionaron de una manera similar a los suyos hacía pocos segundos. El dióxido de carbono cargado de su enunciado entró en lugar del oxígeno que mi torrente sanguíneo buscaba. La detoxificación de mi sangre no se llevó a cabo correctamente. Intoxicado, la hematosis fracasada, con los sacos alveolares desconcertados y el ritmo circadiano violentado, mi sistema cardiovascular colapsó.

Ventrículo izquierdo, aorta, sistema capilar, aurícula derecha, ventrículo derecho, capilares pulmonares, aurícula izquierda... todo el circuito en vano. Todo intoxicado, pequeña asfixia.

Leve daño tisular en una parte del corazón, muerte celular permanente en la zona del epicardio.

lunes, 29 de marzo de 2010

Unbearable conversations: the ultimate mind trap

La cotidianeidad es un arma de doble filo (que el realismo usa para cortarnos las dos piernas a la misma vez)

Uno y otro (mezclándosen con desgano y falsa simpatía leve que se mantiene durante toda la conversación): ah, HOLAhola, ¿COMOque talESTÁS? ¿BIENbienVOS?

Otro: ¿todo bien?

Uno: sisi… tranqui… acá…

Otro: ¿laburando?

Uno: y si… vos también…

Otro: si, si, por suerte…

Uno: y si, obvio

Otro:

Uno:

Otro: ¿y la Facu? ¿seguís?

Uno: sisi…

Otro: ya te falta poco…

Uno: si, termino ya este año…

Otro: ah buenísimo, ¿y te gusta?

Uno: Si bastante… … … tiene sus cosas, pero está bueno… ¿vos? ¿Qué estudiabas?

Otro: Comunicación. Me falta un poco todavía…

Uno: ah…

Otro: si, pero está bueno. Que se yo.

Uno (que no demuestra intención de seguir la charla pero no encuentra el punto medio entre eso y darse media vuelta y retirarse sin más): …

Otro: ¿seguís viendo a alguien?

Uno, interior: ayyyy… ayyy…

Uno, exterior: Si, a un par…

Otro: Yo vi hace poco a Nacho por la calle. Estaba con la misma novia de antes…

Uno: Mirá…

Otro: Si…

Uno: Bueno, voy yendo… hasta emmm… bueno….

Otro: nos vemos…

Uno: eh eh.. y si… nos cruzaremos por ahí… ja! (int. ayy)

Otro: chau, suerte!

Uno: Chau, chau.

Resignarse y recordar que la vida es un devenir, considerar seriamente evitar de todos modos las pérdidas de tiempo reales.

lunes, 22 de marzo de 2010

Viciosos

¿Qué fue de aquella gloria que soñábamos Juan Manuel? Ponete el sombrero por favor, tu cabellera es insultante, una campo anegado y traicionero. Una huella vil de la humillación.

Pensar que cuando eras un crío participaste en los enfrentamientos contra los ingleses, que esperanza teníamos. Los vecinos más respetables te traían en brazos y me decían, Señora Agustina, su niño es el más valiente de toda la estancia, será un triunfador. Sacó de usted el brío y la sensatez y del señor León, la fiereza y la valentía. Ilusos.

No me mires con esos ojos ebrios, ya no se como esquivar tu mirada sin seguir rebajándote. Realmente creo que sos lo peorcito de los diez hermanos. Mis hijos, debo admitir, fueron mejorando en orden de aparición. El primero, tu hermano Ernesto, una vergüenza para la familia Ortiz de Rozas López Osornio, dedicado desde su infancia al juego y a la mala vida. El décimo, tu hermano Prudencio, una joyita, el mejor cirujano de la nación, la luz de mis ojos. Y vos Juan Manuel, vos saliste segundo y así te tengo, un monigote bobo y simplón.

Fijate que no tenés ni una calle con tu nombre, fijate Juan B. Justo, el muy socialista. Fue un simple senador, tuvo un puestito de diputado, y tiene una avenida que cruza desde lo mejor de Buenos Aires hasta los bajos fondos. Y el arroyo Maldonado que le da fuerzas… un caudal subterráneo de aguas turbias donde vos ni siquiera podrías nadar, porque no tenés vigor, porque te falta destreza Juan Manuel. Estás atrofiado.

Ojalá aquellos horrendos rumores del hijo bastardo hubieran recaído sobre vos, en lugar de haber torturado al pobre Gervasio. De ser así, yo no los hubiera negado, a pesar de que hubiera herido mi honor y el de tu padre. Pero me habría desligado al menos de éste fracaso que salpica sangre a mi vestido como un ternero degollado. El fracaso que tenés en la cara, hijo, en la boca, por donde fumás tus cigarrillos con esa cara de niño.

Y pensaste que abandonando a tu madre ibas a encontrar el camino pero lo perdiste Juan Manuel. Pensaste que cambiándole una letra a tu apellido ibas a ratificar una posición que desde el principio fue grotesca. Que adefesio, ahí parado al lado de esa gorda pringosa, como un espantapájaros. Encarnación… la embarazada… De haberme imaginado que mi esfuerzo por llevar la estancia, por domar al gaucho, por ganar respeto, por ayudar al pobre, iba a terminar en el nombre de esta descendencia defectuosa, me hubiera quedado bordando a la sombra del ombú de piernas cruzadas. ¿Qué diría tu padre…? Por lo menos de los diez que tuve dos hijos me dan orgullo, sino mejor caer rodando por un barranco.

Pero por favor… No me vengas otra vez con las Campañas, Juan Manuel. Sos como esas bandas musicales que hacen una canción buena y pretenden vivir de eso toda la vida. Esas Campañas fueron débiles, segundonas. Las que provocan orgullo en el corazón de la patria son las de Roca, las tuyas quedaron olvidadas, por inconsecuentes, por flacas. Una abyecta mezcla de diálogos de paz y genocidio, que no terminaron por llenar tu honor ni tu autoestima. Híbridos cochinos. Juan Manuel de Rosas: mirada de perro hambriento y un sable en la mano, cayendo siempre en el error de creer que se puede compensar sandías con manzanas, oro con bronce, honra con espectáculo.

Existen sólo dos razones que me hacen recordar, lamentablemente, que sos hijo mío. Tenemos un defecto en común, Juan Manuel, somos viciosos. Vos sos vicioso porque coleccionás whisky y telarañas entre tus huesos. Yo soy viciosa porque sufro recordando la esperanza herida del pasado. Cuando tu pelo era rubio todavía ibas a ser un héroe, sienes cargadas de elegancia se tranforman sin piedad en pelo ralo y grasiento.

La única otra huella de nuestra sucia cuerda cosanguínea es algo que bien aprendiste de mi. Aquella frase que sólo pocos recuerdan, que dijiste alguna vez durante tu débil gobierno y de la cual no fuiste capaz de citar las fuentes, plagiándola como un caco delincuente y callejero, a tu propia madre. Esto siempre te dije: “El rey es como un padre: amar, castigar y recompensar”.

Vos nunca vas a ser rey, nunca vas a ser padre, siempre vas a ser un vicioso Juan Manuel.

jueves, 4 de febrero de 2010

Demolición

Apagá la luz en los espejos querida, total es que los reflejos son una inmundicia incierta, ya no sé que creer. Mirá en la habitación contigua, las ventanas soplan su propio viento y nadie se marea, en cambio acá. La nausea y el polvo de tu padre muerto que sigue en el piso, ya no se puede andar sin pantuflas. Esa sensación horrenda de arenilla en los pies. Está en la puerta. Es un montículo de polvo que no me deja salir. Y para qué quiero de todas maneras salir querida, si escapaste presidida por el Ingeniero a zonas más reservadas. Escapaste al jardín a podar todo lo eléctrico que crecía ahí y después ya no volviste.

Las moscas que no dejan de llegar, no te trajeron de vuelta pero vienen, solas, a posarse en la espuma negra de mi sangre sucia.

Cuando se mata se es doblemente ruinoso. Una actividad de riesgo, el mayor equivalente de cualquier alianza. Pero claro, ella y su interés financiero por un número que no perdiera el calor. Traducías el boicot en fosforescencia quieta. El único misterio beneficiaba a la refinería adelantada de nuestros vecinos. Creo que ellos lo sabían todo, por eso yo me peinaba agachado en el tocador que se enfrentaba con su ventana. Mis mejillas querida mía, estaban rosas: el color bueno, la primera consecuencia visible del dolor o la culpa.

Ahora que soy solo, los vecinos me acechan, miran largamente mis cejas, el calibre de mi frente y mis lunares, que son como petróleo libre, como un dique muy extraño. Matar y huir, mejor olvidar. Ahora las moscas me dan la espalda.

martes, 19 de enero de 2010

Blue grass

Ay mi madre, como tocaba el blues. Había que subir el piano con las patas sobre unos baúles grandes porque era un desperdicio hacerlo sentar para tocar. Bailaba con las manos sobre las teclas y con el resto del cuerpo también. Giraba, saltaba, nunca le daba mal a una nota. Su saco dorado y el negro del satén; brillaba como un meteorito.

En su juventud, la gente sacaba los pianos a la calle porque no conseguían quien los repare. Estaban, viejos, destartalados, aburridos. Él los entraba a los pasillos, a los zaguanes, y con una tecla de éste, un pedal del otro los iba reparando. Si una tecla no sonaba le ataba uno, dos, tres cables hasta hacerla reaccionar. Si esto no funcionaba simplemente tenía que encontrar otra nota que la reemplazara. Así aprendió a arreglar pianos y a improvisar.


Era el principio de algo pero me olvidé de qué...
Si alguien se acuerda como seguía, lo escribe.
Como un cadáver exquisito del alzhaimer.

martes, 10 de noviembre de 2009

Matadour

Un oldie de delirio estudiantil.

Había un perro. Había algo como un perro. No todo es tan fácil, no era eso lo que amenazaba desde la oscuridad. Un jadeo parecía explicar las ganas incontrolables de volver al apacible pueblito de la costa. Una luz de vaivén entraba justamente por una ventanita que llaman venti-luz, dije chau sin querer. Chau. Y me quedé parado, sobre la arenilla color ladrillo que cubría todo el suelo.
Probablemente estaba atrapado otra vez en la cancha de tenis, pero ¿y ese perro? ¿y el venti-luz? Superé el misterio abriendo la puerta, efectivamente estaba en la cancha de tenis pero ¿de que club? Al abrir la puerta de enrejado romboidal me encontré en el Sertao, noreste brasileño. Quise volver atrás pero ya era tarde, la reja ya no estaba y un perro me miraba fijo bajo los rayos hostiles de un sol penetrante como nunca había visto. Era hora de buscar un nuevo hogar, entendí. Adiós Capital Federal, adiós Silvia, mamá. De todos modos nunca hubiera podido sobrevivir. El perro ladró advirtiéndome “atrás tuyo”. Me di vuelta para recibir una bala del arma infalible de Antonio das Mortes, matador de cangaçeiros.
Yo no era un cangaçeiro, pero merecía morir, antes que vivir tan ciego.

sábado, 26 de septiembre de 2009

El espanto de los espacios siderales

El fenómeno denominado “espanto de los espacios siderales” consiste en una serie de reacciones químicas internas que se desencadenan en acciones cuyo nivel máximo de expresión aún se desconoce. Existe la creencia (comprobada más no aprobada) de que pueden darse sucesos a escala universal. Los seguidores de ésta creencia dan descripciones tales como “Se observa en el agua la existencia de más agua. La clásica fórmula de los estados líquido-sólido-gasesoso en el planeta, queda excedida por una suerte de vibración que recibimos de un lago o de un cubito de hielo dentro de su cubetera” o “El acto cotidiano de cortarse las uñas se vuelve una tarea increíblemente difícil, tal vez imposible” o, un fragmento del famoso Postulado del Pozo que explica, “un pozo sin barandal no es igual que un pozo con barandal, la profundidad varía según el miedo que le rodea”.
En un conocido experimento bautizado informalmente “El Amparo 2” (en referencia a su predecesor fallido llamado simplemente “El Amparo”) se le entregó a un sujeto una serie de objetos seleccionados con un criterio ambivalente (de piedad y de atropello) entre los que se encontraban: un cesto de basura mediano, un pañuelo de algodón, un arma de fuego automática, un termo irrompible, un portaplanos, y otros de índole más irrelevante. El fin de los objetos era ser utilizados de alguna manera (directa, descartando telepatía, telequinesis, sólo intención de uso) para defenderse de El Espanto. La consigna era esperar hasta el último momento, hasta el instante antes al quiebre, antes del cambio absoluto y rotundo de circunstancias, justo antes del sin retorno.
El sujeto es abandonado a su propia suerte, armado con los objetos mencionados (la presencia del investigador alteraría el devenir al punto tal de hacer inservible la experiencia).
El siguiente fue el testimonio del individuo que se expuso a “El Amparo 2”:
“Algo me roza la piel y los huesos, disparo una vez pero es inexplicable: como el proyectil es inútil el tiempo vacío mata la salva y el estallido. Todo el incidente es olvidado para siempre hasta dejar de existir. Nunca nadie disparó.”
El espanto de los espacios siderales se mantiene en el terreno de las cosas que suceden, pero que no podemos explicar.

domingo, 10 de mayo de 2009

Felpa

Los que nacieron para el fuego morían en el agua en la tierra en el aire. Sólo podían vivir en el fuego respirar fuego, todo terminaba si las temperaturas bajaban drásticamente. Los que nacieron en el agua morían en la tierra en el aire, morían en el fuego en el aire. Incapaces de desplazarse sin aletas, colas, tan inútiles colas para el fuego, y tan hermosas. Los que nacieron en la tierra morían en el agua, sobre el fuego. Morían en el aire sólo si todo era aire. Morían en el agua si todo era agua, morían en el fuego indefectiblemente. Sus ojos eran muy débiles en toda situación. Los que nacimos en el aire, moríamos en el fuego en la tierra en el agua. Moríamos quemados, todo es más hostil que el viento. La tierra es áspera y quema, el agua es densa y nos quema. El fuego y nuestra fina piel.

Fueron tan dichosos en el aire hasta que el aire los traicionó. A ellos. Podían volver, pero no querían. A nosotros nos abrasa el agua y es por eso que no vamos, no volvemos. No vamos. Sería descortés mentir, pero es cierto que nos calcina todo lo que no es casa. Iríamos, nos quedaríamos, nadaríamos, danzaríamos con la llamas, rodaríamos por sus tierras pero algo nos dice que no. No sería cortes mentir. Nosotros decimos que no.

Los que nacieron para el fuego insisten en chocar el agua será el resplandor que los cautiva. Se acercan cada vez más al mar, los rechaza hasta que los aspira. Ellos, completamente cautivados quedan cautivos y el fuego que respiraban se extinguió en el hechizo de las temperaturas más bajas.

Desesperados nos preguntamos ¿Por qué? Gritamos llorando ¿Por qué? Y nuestras lágrimas también son de aire para estar a salvo, siempre a salvo. Desde la cima de nuestras montañas omnipotentes y de mil caras, los vemos llegar a la orilla. Completamente quietos, sin rastros de chispas de su madre hoguera. Mojados se los descubre tanto más minúsculos. Parcialmente indefensos, completamente nosotros.
Les daríamos un sepulcro etéreo pero no podemos tocar sus alas, tienen agua y tienen fuego. Tememos que también tengan tierra y no les importó pero ahí están, en grupos de a 10 de 20 flotando, inquietos solo porque hay olas.

Una vez tocamos a quien nació en la tierra. Había sido traicionado por un viento ardiente. Una llama infame se enredó con uno de nuestros vientos y en el delirio de la lucha atraparon al terreno que respiraba. Lo último que fue, fue la destrucción. Los tres perdidos en un combate enfermizo y cruel por culpa de la llama desleal que jugaba a sus juegos.

Nosotros habíamos estado admirando a nuestra brisa, que hacía arabescos de la mano de remolinos y trombas. En un segundo todo estuvo devastado. Creímos que el terreno había tropezado con nosotros, e impregnado en todos sus poros de aire y de viento se había vuelto aire y viento. Los remolinos desolados tomaron la brisa completamente quemada y tomaron el aire y el viento. Ese fue el fin, la tierra traicionera seguía siendo tierra y convirtió nuestros remolinos en una nube de polvo.

Desesperados sacudimos el centro y todo el aire enloquecimos sin dejar a nuestros remolinos caer. El cansancio nos derrotó y la tierra volvió al suelo llevándose a nuestros hermanos.

Los que nacimos en el aire, morimos en el fuego en la tierra en el agua. Es todo y nuestra fina piel.

martes, 21 de abril de 2009

Felpa

Llegábamos naufragados de nuestras travesías, pero triunfantes. Y jamás nos respondían. Ofrecíamos sacrificios, echábamos humo al cielo en fogatas o con grandes mangueras. No teníamos señales. Se notaba en nuestros ojos, lo único que queríamos era contar nuestras aventuras. De otro modo nada de aquello habría valido la pena.

En vano, algunos ya al borde de la locura, armaban grupos que simulaban no saber nada de lo sucedido. Ejercíamos la actividad contentos, pero en el fondo sabíamos que todo estaba perdiendo valor, incluidos nosotros, incluidas nuestras peligrosas aventuras.

Sabíamos que nos escuchaban, gritábamos, escribíamos en grandes espacios, plantaciones, playas. Kilómetros de arena mojada mutaban en jeroglífico. Escribíamos en todos los idiomas conocidos. Algunos, ya al borde de la locura, inventaban nuevos idiomas, o nuevos dialectos, creyendo en esa alentadora millonésima posibilidad de acertar el de ellos.

Pero el cielo nada, el mar nada. El viento. Los padres infames de las piedras, los únicos acompañantes de estos náufragos en el recelo interminable de la caminata circular que parecían empezar todos los días. No daban una pista, un dato, un detalle.

Los más funcionales de nosotros, decretaron la obligación de un diario. Todos teníamos que escribir nuestras aventuras para, al menos, conservarlas para nuestros hijos, o nuestros hermanos. Se nos ocurría hasta releer más tarde nuestros escritos. Reíamos a carcajadas, quebradas. No nos olvidábamos de desear alguna palmada en la espalda, o un temblor de la tierra. Algunos, ya al borde de la locura, arrojaban sus diarios a los volcanes, se los alimentaban a las cabras. Suena igual pero es distinto, gritaban desquiciados, rogando que la ofrenda llegue a destino.

Perdieron el tiempo. Ya no hay tiempo. Cuando había tiempo tenían largas charlas, tomaban agua salada y comían telas de todos los colores. Festejaban. Pero ya no hay tiempo y nadie lo sabe. Todos están solos, los unos y los otros. Si los vieran, si tan solo los pudieran ver. Esas orejas gigantes, esas bocas de cráter, esas manos hermosas, ya todo es inútil. Una roca gigante cae, la amargura tapa ya sus ojos y sus narices. Ya no hay tiempo nadie sabe.

Extenuados ya débiles, comenzábamos rondas de baile. Nuestras ropas vueltas harapos, nuestros ojos de la textura del polvo. Apenas levantábamos los pies para ejecutar las volteretas, todos iban cayendo al piso. El sosiego parecía tomarlos con brazos que salían de la tierra y sus bocas echaban palabras de aire al cielo.

Todos preferimos hacer eso antes que seguir la farsa de ese baile del desconsuelo.

Fuimos apoyando las espaldas en el suelo para hablar en susurros inaudibles hasta que el polvo tomara con diplomacia el resto de nuestro contacto con ellos.

Algunos, ya al borde de la locura, giramos, cavamos pozos y unimos nuestros ojos con la tierra, nuestras bocas echando palabras de menos y menos aire al suelo.

martes, 13 de enero de 2009

Blanca

Las cenefas metálicas permanecieron inmóviles pero el Señor Mackers había desaparecido. El bendito mago, con su sonrisa boyante, decía… ¡magia! cada vez que encontraba nuestros ojos con sus ojos. Magia, magia, magia, una vez a cada uno. Estaba dichoso, Soda también. Pastor y yo perdíamos la paciencia. Inmediatamente el mago levantó la varita mágica acompañándola con un batir de su capa, y cuando parecía que su mano caería en un conjuro fascinante de nigromancia que nos devolvería al señor Mackers riéndose y con los cachetes un poco colorados, desarmó en cambio su atisbo grandilocuente en su valija guardando los elementos. Se sacó la capa, la dobló y colgó de su brazo, tomó la valija acharolada, cubierta de tantas estrellas fulgentes y se dirigió con paso firme hacia la puerta.

La única reacción fue de Soda que chilló –Espléndido, descollante, oh gran ilusionista- acompañado de tranquilos aplausos rítmicos. Pastor una vez más pareció olvidarlo todo y se entretuvo enseguida con un aparato de relojería descompuesto. Yo simplemente miré al mago maniobrar el picaporte, que daba problemas para trabar el pestillo, hasta que salió.
-Alguien debería ir a buscarlo- sugerí.
-¿A quien?- preguntó Pastor sin mucho interés, concentrado en las agujas descontroladas del cronómetro.
-En caso de querer que vuelva hay que llamarlo por teléfono y volver a concertar una cita. Tengo su tarjeta acá pero parece que está completo hasta Marzo- declaró Soda apuntando con sus anteojos un viejo calendario.
-¡Ahá!- bramó impetuoso Pastor, que se paró con vehemencia veloz y salió corriendo hacia la misma puerta por donde había fugado el hechicero, volviendo a entrar 5 segundos después con el sujeto tomado del codo, a la rastra.
- Claro- rabió – ¿dónde está el Señor Mackers? ¿eh? ¿dónde?- gritó. Yo me sumé con preguntas del tipo y Soda le refirió que era un placer tenerlo de vuelta en casa y que se sentía honrada por recibir sus servicios de manera tan reiterada. De todas formas su tono no era nada amable.
El mago explicó que él no tenía la respuesta, que habría que preguntarle al Señor Mackers, preguntó si alguien tenía su celular. Yo de hecho lo tenía pero estaba tan furioso e indignado que no quise entregarlo. Por suerte Pastor lo había anotado alguna vez y fue quien hizo el llamado.
- Tío, ¿dónde se metió? ¿está usted bien?- dijo para luego hacer un silencio y guardar el teléfono celular en el bolsillo de su camisa. Explicó, ante nuestras miradas expectantes, que el Señor Mackers había atendido el teléfono pero había colgado al escuchar su voz. Soda quiso increpar a Pastor pero él ya estaba entretenido siguiendo el microplan de una hormiga roja caminando por la alfombra. Se volvió inmutable.

Todos hacíamos lo posible para no caer en las garras de la confusión pero cada vez se hacía más difícil. El desconcierto era tal que en el medio de nuestras frases decíamos palabras inconexas.
- Dame, yo lo vuelvo a llamar. Decime el teléfono. Tren tren.- escupía Soda, mientras sacaba el celular del bolsillo de Pastor.
- Debe estar ahí. Ganzúa, menester. Te lo digo igual quince cuatro dos uno cuatro siete dos tres cero, calzas.- expliqué sin poder controlar el desembuche de palabras.
Y el muy sinverguenza brujo hechicero -Yo tengo una función en hora y media, así que me voy yendo. Grueso- dijo. –Usted no se va a ningún lado, caradura, ¡salamín!- dije.
- Atiende el contestador directo- sentenció Soda, metiendo el celular bajo el sillón.

Con un dolor de cabeza cada uno, el mago abrió reacio su valija acharolada, cubierta de tantas estrellas fulgentes, y sacó de nuevo su vara de la taumaturgia. Puso una condición, se llevaría el florero oriental. Aceptamos de tanta jaqueca, más nos parecía absurdo puesto que era un original.

Performó el mago bendito sus movimientos floridos, Soda Pastor y yo adherimos a él nuestros ojos, rendidos. El florero oriental se rompió en pedazos al caer por la fuerza de la repentina existencia física del Señor Meckers en el mismo espacio. Las cenefas metálicas apenas si vibraron. El mago se tiró al piso y se abrazó a los pedazos de porcelana.

El reciente Señor Meckers nos echó un ojo, nos lo clavó a los tres. Soda aplaudía porque el truco se había completado y creyó que era lo correcto. Pastor y yo lo mirábamos como llora en silencio el tío Meckers, con hojas de árbol verdes entre su melenita blanca.
-Yo prefería…- divagó el viejo para mirar después profundamente todo el salón.
-Diga, Tío. Diga- lo alentó Pastor.
- Me voy a la cama- pronunció mientras caminaba hacia la puerta del pestillo flojo, dejando huellas de arena mojada.

Ahí nos quedamos los tres sentados. A Soda le dio lástima y propuso contratar al mago para la próxima Navidad. Hicimos caso omiso y le pedimos al susodicho que se retire sin cobrar. Por poner triste al bueno del Señor Meckers.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Felpa

Un ala de aluminio sube y baja a decímetros del suelo. Alto, muy alto, en una parte de aire en la que jamás nadie estuvo, ni un avión ni un pájaro. Entonces el sol blanco tira un rayo al plateado del metal que rebota en un ángulo filoso de 47 grados aproximados a la certeza del número exacto. Nos pega en los ojos, nos pega y vemos todo blanco y después todo negro, y ahí el ala sube y baja otra vez. Algo suena a chapa pero es un sonido agradable, repiquetea y choca de frente haciendo una especie de crash crash, muy suave y no nos asusta. O eso parece. Nadie demuestra temor.
Hasta que el ala vuelve a bajar pero ésta vez parece estar queriendo lastimar a alguien, notamos que corta el aire por un momento porque se abre un hilo de vacío que es destrozado por el ala ahora subiendo en un golpe a todo que ordena de nuevo el espacio. La mitad cerramos los ojos y la otra mitad avisa cuando el peligro pasó. Quedamos algo inquietos, atemorizados en el fondo. Pero no nos vamos, nada parece movernos.
El hilo de agua que corría de norte a sur cambió su rumbo y ahora corre hacia el sureste donde todo es más seco. El nuevo orden parece tener sentido. El hilo nos moja los pies, algunos se enredan y caen. Como parecen disfrutar todos nos tiramos al piso. La altura del ala desciende pero sigue subiendo y después bajando. Como notamos que algunos cambiamos (antes estábamos parados, ahora no) el cielo se oscurece muy disimuladamente. La paleta de colores cambia al anaranjado, es más parecido a todos nosotros. Miramos el ala subir y bajar de nuevo y quedamos camuflados por la luz amarillenta. Se crea la ilusión de que todos desaparecen, cada uno de nosotros piensa que se quedó solo. Solo con el ala.
Ya no me importa descubrir que hay más allá de ella. O quién. No me atrevo a mirarla pero me levanto porque deduzco que ella, inmutable, también se va a elevar. No pierdo de vista que también va a bajar después de subir, me creo indefenso. Y por suerte llega la noche.
Los cuerpos y las cosas se vuelven a dibujar claramente, todo está muy oscuro hasta que los ojos se acostumbran a la luz indirecta de la luna. El ala, que nunca se había desdibujado, cambia su textura fría por una helada. Ya nada nos da miedo, porque de otra forma no podríamos soportarlo.
Mojados y silenciosos enfrentamos el viento frío que viene en oleadas cada vez que el ala plateada baja y cada vez que sube. Pensábamos que nada nos haría abandonar el privilegio de presenciarlo todo, pero algunos de nosotros toman unas piedras que vinieron con el agua, unas piedras redondas y pesadas, y las tiran exhalando aire hacia el cielo. El aire les da la fuerza que necesitaban y las piedras ascienden a velocidades incalculables. Algunas van cayendo en el camino, derrotadas por su propio peso, los dueños de esas piedras se agarran la cabeza, se tiran de los pelos en señal de derrota. Algunos vuelven a enredarse con el hilo hasta quedar inconcientes, otros se inducen el sueño porque prefieren no saber ya nada más.
Las piedras que siguen subiendo no bajan y se acercan al ala que no parece detectar el peligro. Nuestras cabezas arden de baja presión, estamos mareados, tres piedras golpean el ala como puños, otras tres la derriban.
El ala cae y muere sobre uno de nosotros. La vemos morir. Se queda. Nos pican los ojos, tenemos gusto a metal en las bocas.
Cada uno levanta a uno de los inconcientes, despertamos a los dormidos y nos vamos.
(No sabíamos qué habíamos hecho, nadie tocó el ala muerta)
El humo aparece para invadir todo, seguimos caminando y nos perdemos entre la niebla.

lunes, 27 de octubre de 2008





¡presenta su próximo texto de investigación!


“Cuando no tenés una llaga en la boca”


Los estudios más recientes explican todo lo que usted necesita saber sobre un afta o llaga bucal, pero… ¿Qué pasa CUANDO NO TENÉS UNA LLAGA EN LA BOCA?


Texto robado de algún médico común (leer con poco detenimiento):

Las aftas constituyen la alteración bucal mas frecuente junto con la caries y la enfermedad periodontal.
Aparecen como una erosión de bordes eritematosos y centro blanquecino, de 3 a 5 mm. de diametro, preferentemente en las caras internas de las mejillas y labios, paladar blando, suelo de la boca o bordes de la lengua.
Las mas frecuentes se curan por si solas en 7 a 10 días. Durante la fase aguda de tres o cuatro días pueden llegar a ser muy dolorosas, interfiriendo con la alimentación o con el habla.
En la mayoría de los casos no hay causa aparente que provoque el afta

Clasificación:

Estomatitis aftosa menor:
• Ulceras de pequeño tamaño, de 1 a 10 mm, generalmente alrededor de 5 mm.
• Aparecen en numero de 1 a 5.
• Presentan un halo de eritema alrededor de ella
• Duran de 7 a 10 días
• No son muy dolorosas
• Se presentan casi exclusivamente en la zona no queratinizada de la mucosa oral; labios, mejillas y lengua.
• Se presentan en el 80% de los casos.

Estomatitis aftosa mayor:
• Normalmente de mas de 10 mm. Aunque a veces pueden ser mas pequeñas
• Aparecen en numero de 1 o 2
• Eritema periulcerar variable
• Duran de 2 semanas a varios meses.
• Generalmente aparecen en el borde de la lengua, fauces o paladar blando
• Muy dolorosas, dificultan la alimentación.
• Curan dejando cicatriz
• Se presentan en el 10-12% de casos

Estomatitis aftosa herpetiforme
• Tamaño desde 0,5 a 3 mm.
• Aparecen en elevado numero, de 5 a 100
• Son redondas, pero tienden a coalescer tomando formas irregulares
• Pueden durar desde 1 semana hasta 2 meses.
• Afectan normalmente al interior de los labios y a la cara inferior de la lengua.
• Pueden ser muy dolorosas


pero… ¿Qué pasa CUANDO NO TENÉS UNA LLAGA EN LA BOCA?

Cuando no tenés un afta la boca presenta una apariencia normal, el interior es rojizo y brilloso por la baba. Todo tiene básicamente el mismo gusto a boca, y la lengua no tiende a dirigirse a ninguna zona en especial. No te duele ni te arde nada y por eso podés:

- Comer mandarinas
- Comer naranjas
- Comer tomates o ensaladas con tomates
- Comer ensaladas con condimentos avinagrados
- Tomar cosas calientes
- Pensar en un montón de cosas que no son el afta
- Dar besos fuertes
- Ponerle limón a la milanezza
- Recibir besos indistintamente en todo lo que se llama cara
- Acumular comida en la zona no afectada
- Disfrutar de una salud plena y duradera
- Comer kiwi

Consideraciones que no pueden omitirse (1) :

Se debe valorar el tiempo que nos toca en este mundo sin ningún tipo de llaga o ulceración bucal, porque cuando la tenemos lo único que queremos es que se vaya de una vez.

La navegación y el riego a través del Chaco (2) :

“Una vez me mordí adentro de la boca y me salió una llaga”, testimonio brindado por Meister Cookie, el alemán que contratamos en el lab para dar testimonios sobre cosas que pasan y que se sienten cuando sos un humano.

(Cuando no tenés una llaga en la boca omite imágenes de llagas en la boca por asquerosidad de las mismas. Aquél que quedárase con las ganas es libre de tipear afta en google images en su computadora personal (PC))



¡Pedíselo a tu kiosquero amigo!
Si él no lo tiene pero igual querés que te venga con tu diario danos tu dirección y el dia y la hora que pasa el diariero por tu casa.



Notes at the foot:


1-2 Intertítulo correspondiente a “LA ENERGÉTICA Y EL DESARROLLO DE LA CUENCA DEL PLATA, Alberto T. Casella – Felipe F. Freyre, Cuenca Ediciones, Buenos Aires, 1973.

domingo, 28 de septiembre de 2008

es hora de unas pelis

Hete aquí, uno de los primeros trabajos de la Compañía Socialera de Culto. Conjunto semi-productor formado, para variar, por las repetidas Bergman-Gurevich. En esta entrega, y para empezar a promocionar nuestra peli de terror bautizada con el working táitel de "Brenda y Brenda", presentamos "El presidente del Incaa".

Sinopsis: "El presidente del INCAA" es un video didáctico que explica los deberes y obligaciones de dicho sujeto en la primera persona del singular, información tomada de los apuntes de la materia Producción y Planificación de nuestra carrera cinematográfica hacia la nada. Toda esta información en balde puede servir para estudiar para el examen final de la materia.

Ficha técnica:
Presidente del INCAA: Brenda
Cámara: Brenda

sábado, 2 de agosto de 2008




Aruba, Jamaica ooo I wanna take you
Bermuda, Bahama come on pretty mama

sábado, 26 de julio de 2008

El nombre y los ojos cerrados

- Así era Olga, caminaba y el aire fresco empezó a cambiar. Sentía en la piel, en la cara, como pinchazos helados. El aire se movía, me empujaba y me soltaba. Me iba envolviendo. Estos golpecitos escarchados eran ya un hecho. Ahora, de repente, el mundo era así. El aire frío parejo suave había cambiado por una situación constante de alteraciones y movimientos que se acumulaban en mi campera. Estaba cada vez mas fría y pesada, toda mi ropa. No sentía los dedos, algo brilloso los cubría. Podía tocarlo. Las puntas de mi pelo soltaban brillo también. Era parte del viento.
- ¿El aire cambió?
- Si si, completamente.
- ¿Los golpes eran agua fría? Estaba…
- ¿Agua?
- ¿Estaba lloviendo?
- Yo no se… como lo llames Olga, fue todo muy extraño.

domingo, 15 de junio de 2008

La teoría conspirativa que hoy nos compete: LAS MONEDAS

(¡¡No incluye extraterrestres!!)

Para empezar yo diría que las macroempresas de telefonía celular son de las que mandan dos tipos muy bien vestidos y peinados, con anteojos negros para sol brillantes y armas con silenciador. Como para elegir un prototipo de matón a enviar en caso de inconvenientes. Por otro lado, en el caso de las empresas de transporte colectivo yo me arriesgaría a pensar en varios señores (de tres a seis), un poco excedidos de peso (uno de ellos demasiado flaco, como para contrastar), con la barba un poco crecida y vestidos sin ningún tipo de criterio y con algún tipo de suciedad, con olor a hombre y armados con cadenas, palos, puños pinchudos de plata oxidada, facas y navajitas.
De todas maneras estas figuras solamente son requeridas si falla la principal e infalible arma de defensa de dichas empresas: los intereses económicos que manejan.
¿No resulta acaso sospechoso que todos los días, después de acaparar monedas llegando a veces a métodos prácticamente desleales, una las ponga en la maquinita del colectivo para no verlas nunca más? Si todos estamos poniendo nuestras monedas en esas máquinas infames ¿por qué no vuelven? ¿por qué la escasez de monedas si las monedas están ahí?
Acá entra en juego la teoría:
1. Si yo voy por la calle y tengo las monedas justas que pude recaudar (A. comprándome algo que no necesitaba para obtener a cambio las benditas. B. sacando de la cartera de mi mamá que anda en auto C. mintiéndole a todo aquel que cuando le pagás dos con veinte te pregunta ¿veinte centavos no tenés? Y vos: No, nada.) y quiero hablar por teléfono a la casa de Brenda. ¿Acaso voy a poner mis monedas en un teléfono público? ¿acaso voy a entrar a un locutorio para intentar pagarle 25 centavos con un billete de dos para que me mire mal, me escupa y me pida que me reitre sin chistar? Yo no lo creo. Voy a usar mi exclusivo teléfono celular que a cambio de la ventaja de llamar desde la comodidad de la calle me cobrará un 300% más de que lo me saldrían las opciones anteriores. ¿Casualidad? Difícilmente. ¿Sospechoso? Ni que lo digas.
Acá entramos en la segunda parte del sistema:
2. ¿A quien le pueden pedir amablemente las empresas monopólicas de telefonía celular que restrinjan la circulación de monedas? .................................. ................................................................
.............................................................. ¿Ya está? Si, claro, porque ya lo dije antes ¡¡a las empresas matoneras de colectivos!! Los tipos acaparan todas las monedas y ¿Quién les va a decir algo? ¿el presidente? Todos juntos a coro ahora: yo… nolo… ¡creo!
Acá cierra todo el asunto, estas dos grandes redes de empresas se unieron para lograr un fin en común, trabajo en equipo para vencer a fuerzas más débiles (eso seguro se lo enseñaron a los empresarios en el colegio contable y en la facultad de economía y en la universidad de la vida), que vendríamos siendo nosotros.
Podríamos también pensar qué incidencia tienen las macroempresas internacionales golosineras a las que les compramos cualquier cosa para obtener metálico (empresas que compraron todas las de acá y ahora son tipo 3 multinacionales ¡¡¡Villa del Sur y Villavicencio son las dos de la misma dueña me vengo a enterar!!! ¿A donde hemos llegado?).
Pero como aparenta delirio paranoide no me voy a extender en esto, no porque piense que es mentira, sino porque probablemente le baje la credibilidad a mi firme teoría ya presentada, llegando a involucrar a los “mendigos” que piden monedas. ¿Quién los pone ahí?
¿No mencioné ya la palabra mafia? Será en la próxima ocasión.